Peligroso: le proponen a Kirchner más populismo
Por distintos flancos, el gobierno se ve compelido -o tentado- a ingresar en el túnel del tiempo del populismo. Ya decidió, por ejemplo, extender los controles indirectos de precios, limitados, hasta ahora, a algunos alimentos y bebidas, basados en la publicación de valores «de referencia» para esos productos. En enero, esa modalidad se aplicará a medicamentos y, con el paso de los meses, a los materiales de construcción y a los artículos de librería. En el Ministerio de Economía, aclaran que no se trata de una medida dirigista, porque siempre estará garantizada la libertad del consumidor si quiere adquirir un bien que se ha encarecido demasiado (curiosidades biográficas: Lavagna se estrenó como economista en la oficina dedicada a controlar los precios de la gestión de José Ber Gelbard, en 1973). Desde el costado sindical, la retrocarrera sería más audaz: Hugo Moyano presiona al gobierno no sólo para derogar la ley laboral cuya aprobación está sospechada por la denuncia de coimas o estímulos económicos. Mientras el gobierno negocia con el Fondo Monetario Internacional la renovación del programa de financiación, este sindicalista exige a Kirchner que elimine todas las reformas introducidas en el régimen de trabajo durante los años '90 para volver a la Ley 14.250 de 1953. Frente a semejante salto hacia el pasado, el setentismo de Lavagna parece progresismo.
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Díaz Bancalari, que superó en víspera de fin de año el despliegue de sus colegas de la otra ala legislativa, ya avanzó en conversaciones con Kirchner y acordó los pasos a seguir:
• Esperar hasta febrero para comenzar las consultas con gremios, abogados laboralistas y empresarios.
• Por ahora, esas conversaciones -que servirán para darle presuntas trasparencia y pluralidad a una resolución ya tomada- serán organizadas por la bancada peronista, aunque no se descarta que, de manera consensuada con el resto de las escuderías, los expositores desfilen ante un plenario de comisiones, encabezadas por el cervecero Saúl Ubaldini, aspirante a continuar en la dependencia de Trabajo de Diputados.
• No está previsto, por ahora, convocar a extraordinarias, a fin de votar la derogación antes del 1 de marzo.
• La derogación quedaría sancionada una vez que empiece el período de ordinarias y se completen las consultas.
• En el ínterin, surgirá una puja con los senadores del PJ, los cuales, seguramente, querrán hacer marketing y «limpiar» su imagen, asumiendo la derogación como leit-motiv.
A pesar de los reclamos de Moyano y la llamada CGT disidente (y de las más que fluidas relaciones con el kirchnerismo), la anulación quedó descartada por varias razones, de acuerdo con lo que trascendió de íntimos de Díaz Bancalari:
• para anularla, habría que tener la certeza de que la ley Flamarique fue «comprada».
• Sería muy poco serio basarse sólo en presunciones, por más convincentes que resulten.
• En este supuesto, debería contarse con una sentencia firme y, obviamente, en sentido condenatorio de funcionarios del Ejecutivo y de senadores, en la Justicia.
• Tal requisito podría demorar, por lo menos, un par de años, según estimaciones del propio defensor de Pontaquarto, Hugo Wortman Jofre.
• Además, semejante extremo no sólo generaría otro mal precedente a ojos del FMI (ya generó inquietud, en materia de seguridad jurídica, la anulación de la Obediencia Debida y el Punto Final al comienzo de la gestión Kirchner -para muchos constitucionalistas, la anulación de leyes resultaría inconstitucional y abre, necesariamente, un litigio en Tribunales- sino que también afectaría convenios laborales vigentes.




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