14 de diciembre 2005 - 00:00

Pesquisa oficial tras otras purgas

La nueva purga en las Fuerzas Armadas -ya que se estiman bajas también en la Armada- obedece, sin duda, a un nuevo sesgo que Néstor Kirchner le imprime a su gobierno. Sorprende, eso sí, que tras dos años de gestión empiecen a encontrar ahora episodios del pasado. Pero esa tarea de pesquisa les corresponde a ciertos hombres que, al Presidente, por lo menos le infunden demasiado respeto. También sorprende que estos altos oficiales cuestionados hayan sido reconocidos y ascendidos hasta por gobiernos que tuvieron, inclusive, actuaciones mucho más precisas, valientes y, probablemente, más justas con los militares (por ejemplo, Raúl Alfonsín).

Tal el caso del general Gonzalo Palacios, a quien con 20 años de edad se lo acusa de haber estado en un cuartel en el que, presuntamente, habría existido un centro de detención. Como si él, como teniente, hubiera podido elegir su destino. Esa es la razón para quitarlo del Ejército, luego de haber sido ascendido por el propio Kirchner, aunque se invoque que estuvo -justamente designado por Alfonsín- en la Escuela de las Américas (EE.UU.), centro maldecido hoy por la izquierda y algunos institutos de los derechos humanos. Algo parecido sucede con el general Dick, un ingeniero militar con menos condecoraciones, más bien reconocido porque buena parte de su vida la dedicó a escribir novelas. Se mencionan ahora los retiros para Gallardo, también para Podestá -un docente, uno de los más caracterizados de la fuerza- y hasta para un Cáceres Monié cuyo mayor castigo sería portación de apellido. Notable y nuevo control de calidad ejercido por la ausente Nilda Garré, casi dirigido por sus colaboradores más inmediatos de la hora.

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