Un laberinto de desconfianza entrampa hoy la relación entre Néstor Kirchner y Jorge Bergoglio. Sólo eso parece explicar que dos adultos con responsabilidades políticas, sociales y espirituales sobre el resto de los argentinos no puedan sentarse en una misma mesa. El jefe del Episcopado no quiere solicitar una audiencia con el Presidente sin antes ser recibido por el Congreso. Pero a su vez el santacruceño intuye que el cardenal intenta excluirlo de su ronda de diálogo y exige que se lo visite a él antes que al Legislativo.
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No se trata, en realidad, de distintas cosmovisiones sobre técnicas de diálogo y negociación, sino de desconfianza mutua. ¿En qué deriva este resquemor recíproco? Las cámaras de Senadores y de Diputados aseguran que el cardenal debería entrevistarse con el jefe de Estado antes que con el Poder Legislativo, para desvirtuar así la posibilidad de que los obispos descarten finalmente a Kirchner de su ronda de encuentros con autoridades nacionales.
Pero el escenario luego de la visita de Joaquín Piña a la Casa Rosada no es alentador, al contrario de lo que intentó dejar traslucir el gobierno.
Bergoglio detectó rápidamente la maniobra política que la Casa Rosada montó el miércoles al recibir al obispo emérito de Puerto Iguazú. Ese encuentro empeoró, en realidad, el panorama de un posible encuentro entre el jesuita y el santacruceño. Cree el purpurado que el Presidente simuló disposición al diálogo para desgastar su imagen dentro del Episcopado, donde algunos obispos como Agustín Radrizzani (Lomas de Zamora), Jorge Casaretto (San Isidro) y José María Arancedo (Santa Fe) venían sugiriendo que se concrete una visita al Poder Ejecutivo.
Ratificación
Por eso ayer, el jefe de la Conferencia Episcopal mandó a su vocero a ratificar el camino burocrático elegido para dialogar con el gobierno nacional. Tras la audiencia con la Corte Suprema de Justicia, en diciembre del año pasado, ahora los obispos esperan poder visitar el Congreso antes de concretar el pedido de audiencia con Kirchner. «Pedimos una entrevista al Poder Legislativo que nunca nos contestaron. Esperamos esa respuesta para avanzar», disparó ayer el vocero Jorge Oesterheld.
Bergoglio y compañía planeanviajar el viernes de la semana que viene a Aparecida, Brasil, para reunirse con el papa Benedicto XVI. El calendario entonces no deja esperanzas para que Daniel Scioli o Alberto Balestrini reciban a los obispos y destraben así la relación con la cúpula de la Iglesia Católica. Estrategas del jefe de la Cámara de Diputados aseguran que el año pasado se le concedió a Bergoglio un pedido de audiencia que fue finalmente cancelado por el cardenal por supuestas razones de agenda. La posterior insistencia clerical por entrevistarse con el ex intendente de La Matanza no habría sido del todo diplomática, según afirman en los oscuros pasillos del kirchnerismo en la Cámara de Diputados. Aseguran allí que el Episcopado se mostró inflexible en cuanto a la fecha para reagendar el encuentro y que eso finalmente alejó la posibilidad de concretar el pedido de audiencia.
A eso se habría sumado la intervención del entonces director de prensa del arzobispado porteño, el padre Guillermo Marcó, quien denunció la falta de predisposición al diálogo de Balestrini. Claro que esa explicación no convence a los obispos, quienes a través de Sergio Fenoy reorientaron su reclamo y le pidieron por escrito a Scioli que responda sobre las causas que evitaban ese encuentro. La epístola nunca llegó y, en cambio, el Congreso respondió con una batería de normas anti-Iglesia como la Ley Federal de Educación, la ley sobre métodos anticonceptivos, el protocolo del Cedaw -tildado de abortista por el Episcopado- y la legalización de las bodas gay, entre otros temas.
Ayer Oesterheld recordó que la Iglesia solicitó el encuentro con los legisladores el 27 de febrero pasado y que esa nota «nunca se contestó». «El tema del encuentro con el Presidente no es una cuestión personal, sino institucional», subrayó el párroco.
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