Tienen orígenes diferentes, pero objetivos políticos comunes. Sus enfoques ideológicos son variados, pero los une el rechazo a Estados Unidos, al ALCA y lo que definen como neoliberalismo. Su método de reivindicación es la acción directa, muchas veces violenta, avasallando la ley en pos de sus intereses. Asustan con una retórica incendiaria, a veces casi insurreccional, y restan importancia a la democracia y las instituciones republicanas. Son los piqueteros argentinos, los «sin tierra» de Brasil y los cocaleros de Bolivia. ¿Cuánto hay que temer a estos «nuevos movimientos sociales»? Si se toman en cuenta los antecedentes más recientes, hay motivos para la inquietud.
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Según un reciente artículo de Sánchez de Lozada publicado por «The Washington Post», en lugar de dialogar para que se atendieran sus reclamos, Morales y Quispe «controlan un tercio del Parlamento. Alientan piquetes, barricadas y manifestaciones con violencia». Cuando el nuevo presidente Informate más
Surgido en 1984 por iniciativa de las comisiones eclesiásticas de base, tomó la bandera de una masiva reforma agraria en Brasil. Ligado al hoy gobernante Partido de los Trabajadores (PT), el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) se agrupó en torno al economista marxista-leninista
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