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28 de agosto 2015 - 00:00

Planeta PJ: chispazos, furia y el don curativo del miedo a perder

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Daniel Scioli, Axel Kicillof y José Manuel de la Sota
íbal le pusieron a Sabbatella y tampoco lo quiere, los intendentes jugaron con Julián aunque respetan a Aníbal, pero no se bancan a Sabbatella...".

Puede ser el guión de un thiller político o un sitcom de enredos, pero en boca del operador del conurbano rabioso es el lamento que sintetiza el momento del oficialismo: el peronismo K está para el diván.

La patología política combina el desgano de Cristina de Kirchner, la frialdad entre los habitantes de las fórmulas del FpV, desprecios y reproches por la saga de errores. La pulsión por la interna, esa furia doméstica tan peronista.

Las dos semanas y media que siguieron a las Primarias del 9-A fueron, en el diagnóstico de los clanes del universo K, pura pérdida: el viaje de Daniel Scioli a Italia, la crisis tucumana, el sinuoso apoyo de Cristina de Kirchner por Cadena Nacional y, de broche, la instantánea opositora en el Sheraton Libertador, registro implícito de un pacto pre balotaje.

Antes de la llamarada de Tucumán y la represión, el buró de gobernadores del PJ se enfocó a una de las flaquezas. "Cristina tiene que salir, al menos una vez cada 10 días, a decir que su candidato es Daniel", propuso, en ronda con otros caciques, un mandatario del norte.

El planteo, que se traducirá en pedido de la Presidente, es para soldar el frente interno. En sectores K, sobre todo La Cámpora -clan donde no todos son y piensan lo mismo- andan de brazos caídos. Sólo un gesto contundente de la Presidente, que hasta acá no existió, puede bajar esa tensión. Los discursos de la Presidente son el "boletín político" de los hiper-K y en ellos, hasta ahora, Cristina no sólo no elogió a Scioli sino que lo lijó. "No lo quiere y no puede ocultarlo", se lamenta un peronista.

El sciolismo opera en estos días en una sintonía específica: la táctica para ganar la elección el 25-O consiste en recostarse sobre el esquema propio, una panperonización que englobe al PJ clásico, al neocamporismo y a los piqueteros, es decir el dispositivo K con que Cristina de Kirchner llegó al 45,3% en 2007.

El gobernador escucha, en paralelo, una postura que advierte que el 38,4% del 9-A es el techo del voto K y que debe ir en busca de un filoperonismo que quiere no un Scioli anti-Cristina, sino espera un Scioli con más autonomía y autoridad. El remanido dilema de cuál es el piso y cuál el techo.

Síntomas

Parecen antagonismos. El candidato quiere que Cristina de Kirchner lo apoye pero, a la vez, potenciar su identidad porque, como reza el marketing político, nadie vota un para presidente. En el sciolismo dicen que es posible compatibilizar ambas variables.

Hay, más allá de los desamores entre herederos, socios de fórmula y delfines, un factor que apareció apenas sonaron los alertas sobre el resultado y en medio de los tropiezos de los últimos 20 días. El remedio más poderoso que existe en el vademécum del peronismo es el riesgo a la derrota, la posibilidad de la pérdida del poder.

Un episodio ocurrido ayer, inadvertido para muchos, puede anotarse como emblema de ese pánico. Aníbal Fernández y Francisco "Barba" Gutiérrez, candidato a gobernador y alcalde que va por su reelección, quilmeños los dos, volvieron a verse mano a mano luego de más de 5 años sin hablarse y de lanzarse maldiciones. Los dos ganaron en Quilmes en la PASO pero se necesitan mutuamente para octubre.

Es una version micro, de entrecasa, de un fenómeno que se hará sistémico. Se vio en cumbres de Aníbal F. con caciques del conurbano donde se agitó, como un abracadabra, el plan de estirar a un millón los 650 mil votos de diferencia que tuvo Scioli en la PASO sobre Cambiemos. Vendrán otras tenidas -el lunes, los caciques de la Primera-, y un menú de promesas del presidencial a los perdedores de la PASO y la decisión de poner en la cancha a jugadores extrasciolismo como Juan Manuel Urtubey, que además de vocero de lo que "no puede decir Scioli", será delegado ante el universo peronista clásico para capturar el voto de José Manuel de la Sota. Anoche, en Matheu 130, un puñado de dirigentes del PJ mapeó el país para detectar el voto peronista que no fue al FpV.

Scioli, en tanto, le dará más visibilidad a Zannini y hasta pondrá en su radar la posibilidad de un acto con La Cámpora. Hay un enlace más sutil: su diálogo fluido con Axel Kicillof será el canal para que Cristina haga un anuncio económico de impacto. "Si sube la imagen de Cristina, también sube la de Scioli", dicen en el PJ.

Sólo proyecciones porque en estos días, a las señales de bronca presidencial y temblor internacional, se agregó un factor inquietante: la pasividad de la Casa Rosada ante la estampida del dólar "blue" es, según voceros ultra K, un indicio del malestar de Cristina de Kirchner y trafica la hipótesis de una devaluación precipitada cuyo impacto electoral sería letal para Scioli. Huele a revival del "jugar a perder" o, en la tesis menos traumática, a una Cristina de Kirchner desentendida de la suerte electoral de Scioli y del FpV. En otra sintonía, Scioli -que mañana se mostrará con Cristina- habla de una elección que se resolverá por décimas por lo que hay que atar a todo el planeta K.

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