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De ahí que desde la Rosada casi se redacta un comunicado diciendo que «el eventual rédito de la denuncia no debe contaminarse con vestigios de operación política» (propia, claro). Se desprende, además, de cualquier tipo de protección del personaje y su familia, la cual viajó a Europa y se instaló a cuenta de la revista que le hizo el reportaje («TXT»), casi una novedad en la industria editorial. Y, de paso, el gobierno reveló que las confesiones llegan de la mano del hijo de Alfredo Bravo, vía Aníbal Ibarra, no por la influencia oficial ni su anticipo (aunque se recomienda ver recuadro adjunto). Como no podían detenerse en ese suministro informativo, el casi comunicado oficial cuestionó dichos del juez Norberto Oyarbide (se atrevió a poner en duda la veracidad de lo que sostuvo Pontaquarto) y le advirtió a su colega Rodolfo Canicoba Corral que si procedía con el mismo criterio, quizá su destino no sea promisorio.
Firme el comunicado no nato, algo sentimental cuando al referirse a las declaraciones del «arrepentido» explicó que estaba bajo un estado de «angustia contenida». Casi para la telenovela.
Los Fernández, Aníbal y Alberto, son quienes inicialmente reconocieron haber recibido a Pontaquarto, al que luego derivaron a la Justicia como única y aséptica intervención del oficialismo en todo el trámite de las revelaciones. Ninguno -dicen-le aseguró protecciónal confeso, garantía laboralfutura, siquiera un futuro.Sin embargo, en los sectores ás comprometidos por todas las acusaciones señalan que uno de los empresarios más cercanos a la conducción santacruceña (vinculado al juego) ya había anticipado hace tres meses lo que finalmente haría Pontaquarto ante la Justicia. Si el episodio no explotó con anterioridad, se afirma, es porque el gobierno quería atravesar la corporación del Senado sin dificultades con los casos Zaffaroni y Moliné O'Connor. Y añaden -como si fuera cierto-que el «arrepentido» no actuó solo por su cuenta, sino que organizó su incriminación en los sobornos gracias a enlaces del ex senador radical Jorge Colazo (ahora gobernador de Tierra del Fuego), para quien colaboró por lo menos en la campaña política del '99. Se afirma que Colazo es hombre de respetado vínculo con Cristina Kirchner, cercano al gobierno, al extremo de que se había apartado de la Cámara alta en los últimos cuatro meses pero volvió exclusivamente para votar a favor de la designación de Eugenio Zaffaroni y, luego, para voltear a Eduardo Moliné O'Connor. Lo que se dice un soldado.
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