A muchos les costará creerlo, pero Hugo Moyano se ha transformado en el sindicalista más antiestatista y más defensor de la libre empresa y la iniciativa privada en la Argentina. Veamos:
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Enfrentó a los intendentes bonaerenses que pretendían municipalizar la recolección de la basura anulándoles los contratos a empresas privadas. Ahora, acaba de derrumbarle al titular del correo estatizado, el diputado Eduardo Di Cola, el propósito de hacer totalmente estatal y monopólica la correspondencia del Estado, esto es encaminarla, exclusivamente, por este correo que por decreto le quitaron al grupo Macri. Haber consentido esta exclusividad habría significado para Moyano menos afiliados, ya que eso habría provocado el cierre de correos privados.
Claro, este intenso amor a lo privado de Moyano tiene sus contrapartidas. Si la basura iba a los municipios perdía afiliados al sindicato de camioneros, que tiene 55.624 sólo en Capital Federal y Gran Buenos Aires y 33.162 en la Federación Nacional (Moyano preside ambas). Todo se reduce a «sumar fuerza y hacer caja con más afiliados», de tal manera que cuando se trató de robarle choferes al sindicato de mercantiles de Armando Cavallieri ya no rigió el principio de libertad, se acabó el amor a la iniciativa privada y el camionero trató de llevarse los de una planta logística de Carrefour. Hoy este tema está en la Justicia.
En este nubarrón estatista que lamentablemente de nuevo sobrevuela sobre la Argentina da para pensar cómo hará el diputado cordobés ex delasotista y hoy kirchnerista Eduardo Di Cola para cumplir su afirmación sobre el Correo estatizado, que preside, donde dijo «demostraremos, aun en estas condiciones,que podemos hacer un negocio eficiente manteniendo los convenios actuales». No se conoce ningún antecedente empresario en su pasado que permita suponer que este político Di Cola sea capaz de manejar una empresa de 12.000 empleados en una actividad como la relacionada a la correspondencia, que tiene casi 80 sindicatos de base distintos y que domina 40% del mercado postal. El 60% restante está en manos de 240 correos privados y 800 más clandestinos, donde hay muy buena clientela de choferes de Moyano, cuya pertenencia defiende para su gremio. «Pertenecer a una empresa del Estado brinda estabilidad laboral y salarial», agregó para hacer demagogia con el personal este interventor sin experiencia alguna -ni en el rubro ni en empresas-, que se propone hacer rentable el Correo en los sólo 6 meses que fijó el decreto para su reprivatización, aunque nadie cree que esto vaya a ocurrir, por lo que quedararía como otra empresa deficitaria del Estado argentino. Fracasará Di Cola porque ni siquiera un empresario serio tomaría un Correo estatizado.
Di Cola es abogado y lo único que se le conoce fue un proyecto de Ley de Lemas para dirimir la interna justicialista el año pasado y haber intervenido en aquella alocada comisión del Congreso que investigaba presuntos «lavados de dinero», donde nunca demostraron nada y hasta digirieron listados falseados sobre cuentas inexistentes que les mandaban por Internet.
• A favor
En 6 meses el Correo con estos personajes estará peor que ahora, seguro. Pero los Di Cola siempre tienen a su favor que el Estado argentino es un barril sin fondo. Es impune hacerle perder millones de pesos por una estatización, pero se puede detener a alguien por $87.000 por la edición de un libro, como le ocurrió al ex Pami Víctor Alderete. Seguramente en esta aventura estatal del Correo se habrán desperdiciado enormes fondos del Estado y nadie responderá por ello.
Menos mal que otro sueño de Néstor Kirchner, hacer funcionar trenes de pasajeros de larga distancia desde hace años abandonados por pérdidas, al no poder competir con el servicio del transporte automotor privado. Lo descartó Moyano; si no haría más presión para que no queden choferes cesantes. Pero como un tren a Misiones tarda 25 horas y cuesta más caro que el viaje en micro, que es el rubro gremial de su amigo y compañero de ruta Juan M. Palacios de la UTA, no mosqueó ninguno de los dos. No hay peligro, salvo malgastarle dinero al Estado. Será por este sueño presidencial ferroviario con alto costo para el erario público, como siempre sucede cuando los gobiernos se quieren hacer los empresarios con algún Di Cola siempre a mano.
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