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8 de diciembre 2004 - 00:00

Por qué Kirchner no fue hoy a Cuzco

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Eduardo Duhalde

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En esa ciudad peruana estará, en representación de la Argentina, Rafael Bielsa. Y faltará Néstor Kirchner. La ausencia presidencial se excusó en distintos motivos. La altura de lugar, 3.740 metros sobre el nivel del mar, hizo que Kirchner recordara la fragilidad de su salud.

Bielsa agregó un motivo que convirtió al anterior en pretexto: «Son reuniones a veces ociosas», dijo. La inasistencia ya comenzó a tener una lectura política, independiente de las prescripciones médicas o de la propensión del Presidente hacia el aburrimiento. La primera y más obvia: se trata de un desaire a Brasil y su presidente Lula da Silva, cuyo gobierno es el verdadero inspirador de la nueva entidad. También a Eduardo Duhalde, quien gestionó aquel designio de Lula.



• La constitución de una región sudamericana es un viejo sueño de la diplomacia brasileña. Se trata de una denominación que compite con otras, impulsadas a su vez por distintas ensoñaciones de dominación. Los Estados Unidos, por ejemplo, defendieron durante el siglo XX el «panamericanismo», que supone una identidad continental. Ahora parece reducido a su dimensión comercial, el ALCA. En cambio, España prefiere hablar de «Iberoamérica» y alienta cumbres periódicas para definir los intereses comunes de quienes integran ese club. Es la envoltura política de la internacionalización del empresariado peninsular, que aprovecha muy bien el atractivo de Juan Carlos I. También un modo de aumentar la gravitación española en Europa, ofreciéndoles a las antiguas colonias un patrocinio en el Viejo Mundo. «Latinoamérica» es un concepto alternativo, apreciado especialmente por los estudiosos franceses -ya que abraza también a sus antiguas coloniasy que, para la discusión actual, tiene el mérito de contener también a México. Es precisamente la exclusión de este país la que más tensión introduce en la cumbre de hoy, a la que Vicente Fox no concurrirá a pesar de haber sido invitado como observador.

• Para Itamaraty la segregación mexicana es casi un objetivo, sobre todo por los recelos que produce un crecimiento que fue capaz de hacer que el PBI azteca supere al brasileño. Un sur articulado en torno a Brasil hace juego, en el imaginario diplomático de sus mentores, con un norte hegemonizado por los Estados Unidos. Este modo de configurar el espacio tiene antecedentes muy lejanos en el país vecino, pero su versión más reciente está identificada con Celso Amorim, quien imaginó la cumbre de hoy desde que Itamar Franco lo designó su canciller en 1992. Fernando Henrique Cardoso adoptó ese mandato histórico a propósito del festejo de los 500 años del descubrimiento de Brasil con una reunión que fue boicoteada por Madeleine Albright, la secretaria de Estado de Bill Clinton, quien no por distracción decidió aquel día visitar Colombia, casi sin aviso previo. Ahora Amorim vuelve a dar vigor al proyecto con bastante éxito.

• No es un factor secundario de ese suceso la participación de Eduardo Duhalde. Ni en sus fantasías más febriles la diplomacia de Brasil supuso que este designio sudamericano sería gestionado por un ex presidente argentino. Es cierto, Duhalde paga una cooperación con su gobierno que fue incondicional: Cardoso y sus ministros creyeron desde el primer momento de la administración del bonaerense que la devaluación y la pesificación habían sido decisiones tan rudimentarias que podían conducir a la dolarización de la economía. Es decir, a la muerte del Mercosur. Salvar a Duhalde era, entonces, salvar el proyecto de política exterior más importante de Brasil.

Duhalde pagó bien ese auxilio. Desde el despacho que le cedieron en Itamaraty tendió redes con todos los presidentes de la región para que hoy alumbre la unidad sudamericana. Acaso sin advertir que, subliminalmente, está adhiriendo también a una pretensión paralela de Lula y Amorim: la captura brasileña de una banca permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

• Tal vez en este aspecto de la operación haya que buscar razones más profundas a la ausencia de Kirchner. En contra de la inercia emotiva que llevó a Duhalde a facilitar los deseos de Brasilia, la Cancillería argentina se muestra cada día más activa en impedir que el principal socio del país alcance su objetivo en Naciones Unidas. La doctrina tradicional del Palacio San Martín fue la existencia de un puesto permanente para Latinoamérica en el Consejo, ocupado de manera rotativa por tres países de la región. En esto coincide con México, lo que resulta natural. Pero también con Italia, lo que luce menos armónico si se recuerda el conflicto desencadenado a propósito de la negociación de la deuda pública. La diplomacia de Silvio Berlusconi encabeza la campaña para evitar que Alemania ingrese en el «comando del mundo» en representación de toda Europa. En esa misma saga está Paquistán, cuyo canciller repartió con Bielsa la semana pasada la lista de contactos que realizará cada país para sumar votos capaces de bloquear la opción que pretende Brasil en América e India en Asia. Tanto afán hubiera aconsejado, tal vez, que también el canciller se cuidara hoy de la altura.

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