Al Presidente también le interesa el encuentro. Primero, porque quiere acompañar el giro de una opinión pública que comenzó a castigar su intemperancia y poca disposición para el diálogo con todo lo que, para él, huela a « pasado» (tal vez por eso casi redujo sus contactos con organismos sociales a las charlas con los «piqueteros», que son un fenómeno novedoso). Pagó caro, además, el Presidente, con la reunión que mantuvo con el bailantero Segundo,
¿Se quebrará a partir de ahora la indiferencia del gobierno y los obispos? ¿Se podrá evitar así un pronunciamiento duro de la próxima asamblea? Son objetivos de la Casa Rosada, a pesar de que hace 15 días pasó por Buenos Aires el argentino más encumbrado en la cúpula universal de la Iglesia,
Dejá tu comentario