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Varios legisladores peronistas se levantaron de sus bancas y amenazaron con dejar sin quórum la sesión, cuando se intentaba hacer votar una preferencia para la próxima sesión con o sin despacho de comisión. De haber prosperado el intento, esta nueva versión de la «ley cultural», que intentó sin éxito el manzanista Miguel Angel Toma en Diputados, hubiera quedado a punto de ser consagrada la semana que viene.
Proponían también excluir del «cram down» a empresas dedicadas a la investigación, la ciencia y la tecnología de punta y, por supuesto, medios de difusión masiva, sin olvidar entidades relacionadas con el patrimonio arqueológico, antropológico, histórico, artístico y cultural. El nombre de la propuesta parece propio de la desaparecida URSS:
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