Indignado, Adolfo Rodríguez-Saá se propone no soltar a Eduardo Duhalde de una mordida. Molesto porque el Presidente lo agravió al tratarlo como un «fugado» -cuando, es de público, lo menos que se hizo fue amenazar de muerte al sanluiseño cuando fue breve mandatario nacional-, ahora se lanza sobre el flanco que más pretende ocultar el bonaerense: la sospecha de corrupción. Si a cada rato, casi como si fuera un caso de psicoanálisis, Duhalde sostiene: «En mi gobierno no hubo ninguna denuncia de corrupción» (al igual que en la provincia de Buenos Aires nunca ocurrieron anomalías porque la Corte estaba integrada por radicales). Esa presunta ficción, para los hombres de Rodríguez Saá, hay que desnudarla, y en las últimas 48 horas puso en la superficie el caso del Banco Provincia y habló de un entorno mafioso que rodea al Presidente.
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Si bien no mencionan hechos por el momento -habrá que inferirlos-, el candidato puntano ha puesto el ojo sobre tres laderos de la más íntima cercanía a Duhalde. Uno es Carlos Caterbetti, hoy en el COMFER, y a cargo de ciertos secretos emprendimientos del Presidente (ademásde organizar los congresosperonistas). Sobre él, ya en el pasado, en La Plata hubo denuncias de picardías. Otro que aparece en la lista, quizá por la actividad en la que se desarrolla -siempre propensa a suspicacias-es Jorge Rossi, elegido candidato a intendente por Lomas de Zamora, siempre responsable de la actividad vinculada al juego en la provincia (quien, en determinado momento, se fue a vivir repentinamente a Miami). Queda para el final, en la hilera de elegidos, Orlando Caporal (a cargo del ORSNA), quien, de cobrar o no los canones, también siempre se lo reconoció como una figura allegada al Presidente en cuestiones de alta seguridad. Informate más
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