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Roberto Lavagna fue excluido de la cumbre durante esa charla. La excusa fue que John Snow, el secretario del Tesoro y por lo tanto su contraparte, no se sentaría a la mesa. Más allá del protocolo, Kirchner pretendió de este modo reforzar el carácter político del encuentro con Bush y dar a entender nuevamente, como viene haciendo con todos sus interlocutores internacionales, que el titular de cualquier negociación externa es él mismo, no su ministro de Economía. Sonrió Bielsa con la definición: aquella hipótesis según la cual se lo reemplazaría por Lavagna a fin de año se volvía todavía más inverosímil.
Una hora después, a las 21 de anoche, Bielsa era informado de que el que no estaría en la reunión era Acevedo y sí Lavagna, quien se encontró a solas con Kirchner cuando se enteró de que lo habían bajado del viaje. Primera conquista que le proporciona al ministro de Economía la presencia de su socio político Bordón en la embajada de Washington.
El cambio de Lavagna por Acevedo obligó al gobierno a dar una vuelta carnero retórica en pocos minutos: ahora ya no se hablaría de la «pregnancia política» que tendría la entrevista. Tampoco habría regodeos acerca de que «Kirchner es el único referente de las negociaciones internacionales». ¿Habría que reducir también las cuestiones relativas a la seguridad hemisférica y la lucha contra el terrorismo por las que se lo había convocado al santacruceño Acevedo? Todo muy improvisado, como siempre.
Viaje o no Lavagna, el encuadre del encuentro será el mismo. La incógnita argentina es Kirchner y es lógico que el gobierno de los Estados Unidos quiera despejarla antes de darle un respaldo simbólico en la negociación con el Fondo, que es el trofeo con el que el Presidente pretende bajar en Aeroparque al final del viaje. Conviene tomar en cuenta algunos antecedentes para entender el contexto de la charla. Por un lado, desde que Fernando de la Rúa visitó a Bill Clinton, no se volvió a realizar una entrevista presidencial argentino-estadounidense. Desde Washington, como desde otros centros de poder, el gobierno de Eduardo Duhalde fue visto como un experimento de emergencia; en cambio, el actual es, a los ojos de quienes observan desde fuera, un «gobierno de la Constitución», surgido de las urnas. Por otro lado, salvo en el caso de Venezuela, Paraguay y Haití, Kirchner es el único colega del continente a quien Bush todavía no recibió en su despacho. Esto también opaca la entrevista: a escala hemisférica, los enigmas de Washington han sido casi todos revelados. El Brasil de Lula ha sido señalado como el socio estratégico en Sudamérica; Chile y México tienen ya su acuerdo comercial resuelto y Colombia representa un problema de seguridad con tratamiento especial.
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