-«Diputado: le paso con el diputado Caserio», escuchó el destinatario.
-Muy bien, espero.
-¿Cómo te va? Te llamo para asegurarnos de que no vayas a la sesión -le dijo Caserio.
-Llegaste tarde, ya estoy dentro del recinto.
-¿Pero cómo? Vas a quedar fuera del proyecto. Hay que apoyar al Presidente.
-¿Yo quedar fuera de nuestro proyecto? ¿De qué proyecto me hablás?
-Pero si el Presidente te tiene muy en cuenta, siempre te recuerda...
-¿Que el Presidente me tiene en cuenta? ¿De qué me hablás? Si ustedes me quieren destruir. El Presidente nunca se dignó a recibirme. Vos no tenés cara para llamarme y pedirme que no vaya a la sesión.
-No entiendo por qué me decís eso -empezó a dudar Caserio.
-Decime, ¿vos sabés con quién hablás?
-¿Vos no sos Basualdo?
-No -aquí se emitió un calificativo no reproducible-, yo soy el «Chicho» Basile y vos son un -otro descalificativo-.
Después de un par de insultos y risas más, «Chicho» Basile, uno de los duhaldistas más recalcitrantes le cortó, y minutos después toda la bancada bonaerense festejaba los problemas de agenda del kirchnerismo.
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