17 de enero 2003 - 00:00

Provincia estrenará sufragio electrónico

¿Qué hago con este microondas? Más de un desprevenido se hará la pregunta cuando el 14 de setiembre próximo, si prospera una aventura de Felipe Solá, los bonaerenses ingresen a los tumbos a la democracia cibernética al estrenar el sistema de voto electrónico para elegir gobernador.

De este modo, Solá podrá emular a Luiz Inácio Lula Da Silva que el año pasado se proclamó presidente del Brasil por ese medio y hasta quizá imprimir su nombre en el todavía no escrito «Guinness» bonaerense como el primer gobernador electo con esa mecánica electoral.

De todos modos, si al final, la suerte lo esquiva y la victoria es de otro, nadie le arrebatará el orgullo de haber operado el ingreso de la democracia computarizada en territorio comanche, esa zona del conurbano que dominan a su antojo los punteros del duhaldismo más ortodoxo.

«¿Si pudieron los brasileños donde votaron 100 millones de personas, no vamos a poder nosotros con 8 millones?»
preguntó Solá el miércoles a media mañana. Fue la forma de dar el empujón definitivo para que en setiembre se ponga a punto el régimen de sufragio electrónico.

La tarea recayó sobre el secretario de Reforma del Estado, Florencio Randazzo, que en noviembre pasado había avanzado en charlas con Santiago Murray, emisario de la ONU, y funcionarios del Tribunal Electoral Superior brasileño, que organizó el sistema para el triunfo de Lula.

Ese organismo prestará las urnas -en Buenos Aires se necesitan 30 mil- y una delegación de la ONU asistirá a la provincia en la puesta en marcha del régimen, inédito en el país. El gobierno, en tanto, se comprometió a lanzar una campaña para «enseñar» cómo se usa el sistema.

«El mecanismo no es difícil, pero implica un cambio cultural muy fuerte así que hay que explicar cada detalle con detenimiento»
dijo ayer Randazzo, quien destacó que ese sistema permitirá, no sólo reducir «drásticamente» el costo de la elección sino también un «altísimo nivel de transparencia».

El esquema que se prevé aplicar en Buenos Aires -urnas aisladas-tiene, aseguró el funcionario, «100% de garantía» de que no se puede manosear el comicio. Y, luego de la experiencia de la interna radical, elimina otro agujero negro: el resultado se conoce a pocas horas de cerrada la votación.

En rigor, en Brasil en 5 horas se contaron 76 millones de votos.

Las urnas se distribuyen con un diskete encriptado -que nadie puede modificar-, denominado
flash card que incluye la nómina de votantes habilitados para cada mesa. El usuario-votante ingresa su documento, tras lo cual aparece su nombre y luego puede sufragar.

El procedimiento es sencillo: al oprimir el botón de cada opción -de gobernadores, por caso-, aparece la foto del electo como comprobación visual de la votación. Si no es correcta, se puede rehacer el trámite. Incluye el
método Braille para los ciegos.

Segundos después del cierre de la votación,
las autoridades de mesa conocen el resultado de la elección. El diskete es enviado a la Junta Electoral para chequear los resultados finales y, a su vez, los fiscales se quedan con copias.

Un punto todavía no resuelto es en qué medida se instrumentará el régimen: será una prueba piloto, por lo que no abarcará toda la provincia,
pero probablemente se extienda a 80% o más del padrón.

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