La tensión en la relación diplomática entre la Argentina y el Reino Unido subió un escalón tras un nuevo cruce de declaraciones por la soberanía de las Islas Malvinas.
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En este caso, el primer ministro británico, David Cameron, lanzó provocativas acusaciones contra el país, horas después de reunir al Consejo de Seguridad inglés para ratificar la protección militar del archipiélago. Sus dichos rápidamente cruzaron el océano y fueron condenadas en Buenos Aires.
En una habitual exposición sobre su gestión ante la Cámara de los Comunes, Cameron dijo que convocó a ese organismo integrado por militares y políticos para "asegurar que nuestras defensas" en las Islas y "todo lo demás está en orden" y que se respetará la autodeterminación de los kelpers.
Pero además, el premier se quejó ante los representantes legislativos ingleses de los insistentes pedidos argentinos de respetar las resoluciones de la ONU para poner fin a la ocupación. "Yo diría que lo que los argentinos han estado diciendo recientemente es mucho más colonialismo porque esta gente (por los isleños) quiere seguir siendo británica y los argentinos quieren que ellos hagan otra cosa", afirmó el jefe del Gobierno británico en la Cámara de los Comunes.
"Creo que es muy importante que conmemoremos la guerra de las Malvinas en este año del 30 aniversario y recordemos a todos los que sirvieron y lucharon tan duramente, y los que dieron sus vidas y no volvieron a casa", manifestó Cameron.
"Pero el punto absolutamente vital es que tenemos claro que el futuro de las islas Falkland es un asunto para la propia población, y mientras quieran seguir siendo parte del Reino Unido y ser británicos deben poder hacerlo", insistió el premier.
La respuesta del Gobierno nacional no tardó en llegar, pero no sólo funcionarios manifestaron su repudio ante lo que consideraron como una "ofensa", sino que integrantes de la oposición también observaron de lo "absurdo" de que una potencia con la historia del Reino Unido acuse de "colonialismo" a la Argentina, siendo que las Malvinas se encuentren bajo dominio británico desde 1833.
"Es un exabrupto torpe e ignorante de la realidad histórica que nos deja impresionados. Es un exabrupto que llama la atención porque está fuera de cualquier análisis razonable", fue la respuesta del vicepresidente Amado Boudou, a cargo del Poder Ejecutivo a raíz de la licencia de la presidenta Cristina Kirchner.
Boudou, que mantiene contactos telefónicos permanentes con la jefa de Estado, dijo además que es "una falacia historia lo que ha dicho sobre el colonialismo" el primer ministro del Reino Unido, a quien Boudou le recomendó "que vuelva a los libros de historia".
"Todo el mundo sabe lo que fue Inglaterra con el colonialismo. En todos los continentes hay señales y consecuencias de lo que ha significado el colonialismo, el avasallamiento de esas poblaciones, entonces nos pone tristes escuchar esa falacia y exabrupto", indicó Boudou cuando terminó una recorrida por el Hospital Posadas junto a ministro de Salud, Juan Manzur.
"Me parece absolutamente ofensivo, sobre todo tratándose de Gran Bretaña. La historia muestra claramente cuál fue su actitud frente al mundo", replicó por su parte el ministro de Interior, Florencio Randazzo, durante la visita a un centro de tramitación de DNI y pasaportes.
El funcionario afirmó que el Estado argentino "aspira a que se respete la resolución de las Naciones Unidas avalada por la mayoría de los países del mundo", y que el Reino Unido "se siente de una vez a discutir la soberanía de Malvinas". "Para nosotros no hay discusión: las Malvinas son argentinas", concluyó el jefe de la cartera de Interior.
El canciller Héctor Timerman también se sumó al repudio contra los dichos de Cameron. "En lugar de convocar a su Consejo Nacional de Seguridad, Gran Bretaña debería llamar a Ban ki Moon (Secretario General de Naciones Unidas) y responder que acepta las múltiples resoluciones de ese organismo instando al diálogo por la cuestión Malvinas para alcanzar una solución pacífica", dijo desde El Salvador, donde realiza una gira por distintos países de Centroamérica que han expresado su pleno respaldo al reclamo argentino por Malvinas.
"Llama la atención que Gran Bretaña hable de colonialismo cuando es un país sinónimo de colonialismo. Llama la atención también que Gran Bretaña acuse a un país como la Argentina que es víctima de una situación colonial como lo han expresado las Naciones Unidas al definir a Malvinas como una cuestión de soberanía y colonialismo", opinó el Timerman.
Para el jefe de la diplomacia argentina "evidentemente en un momento donde solo quedan resabios de colonialismo, Gran Bretaña dentro de la decadencia imperial decide reescribir la historia". Finalmente, el canciller dijo que "el primer ministro (David) Cameron no debería ir muy lejos, ya que en Londres debe estar el libro, para encontrar lo que escribió el británico George Orwell sobre el manejo político del lenguaje".
En tanto, desde la oposición, en líneas generales, tanto la UCR como el PRO, la Coalición Cívica, el Frente Peronista y el PRO coincidieron en "acompañar la defensa de la soberanía" sobre el archipiélago a través de las tareas diplomáticas encaradas por el Gobierno y "lograr que Gran Bretaña se siente en una mesa de negociación".
La relación entre Argentina y el Reino Unido se recalentó semanas atrás, cuando los presidente de los países que integran el Mercosur acordaron en conjunto prohibir el atraco de buques de carga con la bandera que identifica a las Falklands. En esa cumbre celebrada en diciembre pasado en la ciudad de Montevideo, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay acordaron bloquear el acceso a los puertos de esas naves lo que despertó la queja de los ingleses.
Luego que esa medida fue confirmada por los países del bloque común del sur, Cameron volvió a descartar públicamente la posibilidad de iniciar una negociación para discutir la soberanía de las Malvinas y dijo que su país debe mantener siempre la "vigilancia" de las islas.
Esta semana, en otro roce diplomático, la Cancillería argentina emitió un comunicado con un fuerte repudio a la negativa de las autoridades kelpers de permitir el desembarco de al menos 20 turistas afectados con gastroenterocolitis que viajan en un crucero con otro centenar de pasajeros. Entre otros, viajaban decenas de argentinos que habían planificado realizar homenajes a los soldados caídos en la guerra de 1982. En el texto del parte de prensa, el Gobierno puso en duda de si esa prohibición de amarre se trató de un nuevo "acto hostil" contra la Argentina.
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