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Un moderado como el diputado Jorge Argüello (ingresó al Congreso por Mauricio Macri, no precisamente un progresista de izquierda) se enfervorizó contra cualquier inmunidad a tropas extranjeras que vengan a ejercicios militares. Además organizó un seminario para pedirle a la Corte Suprema el fin de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, algo que se superdescuenta que ocurrirá. Se le atribuye a Argüello movilidad exagerada de izquierda para impresionar al presidente Néstor Kirchner y lograr así que lo designe canciller, si es sacrificado Rafael Bielsa para las elecciones de la Capital Federal. En ese seminario Carmen Argibay, de la Corte, se desgañitó contra Estados Unidos por no querer este país un tribunal internacional que juzgue crímenes aberrantes. Ni mencionar la efervescencia antinorteamericana del vicecanciller Jorge Taiana por sobreponerse a Argüello en su intento de quedarse con el puesto de Bielsa, en el caso de Taiana como una prenda más de poder que quiere Horacio Verbitsky. Al final estuvo Eugenio Zaffaroni abiertamente contra el Punto Final y la Obediencia Debida como para que no queden dudas de cuál será su posición en esta época del «voto cantado». Antimilitar este juez, desde ya olvidando que escribió en épocas del Proceso un libro para la Aeronáutica justificando (para militares) los exterminios del enemigo.
En otro lado, el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, no quiso quedar al margen de este brote izquierdista que, en su caso, es contra las empresas: quiere imponerles un delegado gremial de «seguridad e higiene» que dictamine por sí cuándo puede parar el proceso productivo en una fábrica por posibilidad de accidentes. No estaría mal pensado en un país serio con instituciones serias. Aquí «el delegado» para no asumir el riesgo de verse involucrado en un accidente que sobreviniera parará la fábrica permanentemente. Tomada no se pierde ni una si la medida es antiempresa: además quiere sancionar la imprescriptibilidad de los juicios posibles por accidentes de trabajo, como si ya no fuera suficiente daño al empresario que arriesga lo que sostuvo el mismo Zaffaroni en la Corte sobre que tales accidentes no tienen tope de indemnización. Raúl Alfonsín -que no se perderá hoy de hablar en el seminario de Argüello, desde ya- se pronunció en contra de que sólo el Papa pueda cambiar obispos o al menos que tenga ese derecho en todo el mundo con acuerdos asentados menos en la Argentina. Justificó a Kirchner que quiere compartir esa prerrogativa del Vaticano. Si de «brote rojo» se habla, hay que agregar al inefable sindicalista Hugo Moyano: en la elección del domingo del club Independiente de fútbol fue designado «ombudsman de los socios»... No importa tanto delirio porque tenemos cosecha récord este año. El desarrollo chino sigue absorbiendo alimentos de todo el mundo. En Brasil la sequía no se atenúa. «Dios es argentino» o lo era hasta que hizo designar un sucesor que no quería este gobierno.
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