Como el gobiernovive de traspié en traspié, se disimulan los avatares de otros partidos. Elperonismo, por ejemplo, donde casi repentinamente -a la inversa de lo que seprecipitó con la crisis de la Alianza-se diluyeron los conflictos entre EduardoDuhalde y Carlos Menem (para no mencionar la competencia sorda entre losgobernadores Reutemann, Ruckauf y De la Sota). Sin embargo, hay otros pleitosmenores que ni siquiera puede bloquear el desánimo general por laadministración aliancista: se produjo, por ejemplo, una grieta en el menemismocon quien menos se imaginaba, el senador riojano Jorge Yoma. Para el entornodel ex presidente, las últimas declaraciones de Yoma cayeron como un balde deagua fría, al menos para la alta temperatura que se vive en los alrededores dela calle Echeverría, domicilio de Menem, con la eventual reincidencia de éstecomo candidato presidencial para el 2003. «Si hoy hubiera elecciones -sostuvoYoma-, el presidente sería Carlos Ruckauf», expresó con una serie de encuestasen la mano para que nadie lo cuestione (las mismas que recogen a Ruckauf comoel peronista mejor posicionado en la opinión pública). O sea, hablapresuntamente como intérprete de sondeos, no como partidario del gobernadorbonaerense. Casi un sociólogo.
Pero ese cambio deroles no le cabe al menemismo, mucho menos al ex mandatario, celoso como pocosde sus propios intereses. Sobre todo, cuando él ya definió que los dosaspirantes del PJ riojano a la senaduría provincial son Eduardo Menem y Yoma.Claro que esa determinación, desde la intimidad de Yoma, tiene otra visión: 1)por un lado, no se conforma con ser segundo de Eduardo y 2) teme que se cumplaa rajatabla en todo el país la cláusula constitucional de que debe ir unamujer, en cada partido, integrando una de las dos primeras candidaturas alSenado. Previsor, Yoma apuesta a su propia figuración estelar que, en verdad,es una forma de protegerse del advenimiento femenino incluido en laConstitución que él mismo contribuyó a gestar. De ese modo, la jugada de Yomaapuntaría a que se presente fuera del PJ, en un frente ad hoc, respaldado porla disidencia de Ruckauf. De esta manera, trató de convencer a Menem, elperonismo podría meter 3 senadores por La Rioja, no sólo dos. Los dos propioscon Eduardo y una mujer, y él por la minoría, ya que se siente en capacidad deganarle al radical Raúl Galván, hombre con escaso prestigio. En apariencia, supropuesta podía satisfacer al ex mandatario porque aumentaría el número delegisladores propios y robustecería al PJ en la Cámara alta.
Pero no fue así: ésteno quiere ni la mención de Ruckauf en el interior, menos en su provincia. Sihasta rechazó también un encuentro secreto con el gobernador bonaerense gestadocon Yoma (sólo acepta, dijo, reuniones públicas). Parte de ese clima hostil loobservó el propio Yoma cuando se fue a entrevistar con Menem en La Rioja: seencontró con la sorpresa de que éste lo recibió flanqueado por su hermanoEduardo y el gobernador Angel Maza. No era necesario otro mensaje: éste es elpoder de La Rioja y se debe respetar.
Pero Yoma, enapariencia por las declaraciones, sigue en lo suyo, confiando en su teoría deagrandar el peronismo en su provincia (o, la más personal, de garantizarse lacontinuidad en el Senado).
Pero también tanteala reacción de su jefe partidario, quien si mantiene la ira no sólo podríacuestionarle la decisión sino además arbitrar el control partidario de La Riojade modo que ciertos restos del peronismo en lugar de apoyar a Yoma terminensosteniendo a Galván. Y eso sería letal para la voz más fuerte que supo tenerMenem en su gobierno.




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