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3 de enero 2005 - 00:00

Qué va a hacer Bielsa en presidencia de la ONU

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En otras palabras: el ministro supone que, mostrándose al lado de Condoleezza Rice, de Koffi Anan o del mismísimo George W. Bush (ya tiró un centro para que lo inviten como funcionario internacional a la asunción, el 20 de enero) le hará entender al presidente que será más útil dedicándose a la política exterior que trenzándose en polémicas de barrio con Elisa Carrió. Muchos de los funcionarios que han colgado su destino de la manga del santacruceño temen que este derrotero, trazado en la Casa Rosada, se modifique. Entre ellos, Aníbal Ibarra, que ya se hizo a la idea de que el destino electoral de su gobierno está endosado al de Bielsa. Sin embargo, ese miedo a que la candidatura del ministro se desvanezca antes de ser lanzada no supone que Kirchner pueda descubrir en él al Carlos Saavedra Lamas que todavía no apareció. Quienes apuestan a Bielsa suponen que el Presidente puede enojarse con él por sus últimas señales de rebeldía. A los oídos del mandatario llegó una versión, acaso exagerada, del discurso que su canciller ofreció como despedida del año ante el personal del Palacio San Martín. Allí Bielsa se quejaba porque se lo hubiera privadode Eduardo Valdés, su jefe de Gabinete, en un planto que todos interpretaron como una disidencia marcada con el modo en que terminó la crisis por la médica Hilda Molina.

En la misma línea, en la Casa Rosada se preguntaron: «¿Qué tiene que hacer Bielsa invitando con toda la prensa al hijo de la médica, Roberto Quiñones, para hacerle casi un homenaje en la Cancillería?». Al oído de Kirchner susurran que Bielsa está preparando el terreno para que se realice su deseo original y, en abril, la Argentina vote por la censura a la situación de los derechos humanos en Cuba.

Nadie quiere (o puede) advertir en la Presidencia que, en rigor, Bielsa berrea por otras razones. Se siente ignorado por una política exterior que en sus trazos principales se formula fuera de la Cancillería. Por eso lo de Nueva York es casi un exilio. Dorado,es cierto, entre librerías del Village y viajes a sitios en los que la prensa registrará una y otra vez su figura, lo que para la administración actual suena paradisíaco. En otras palabras, Bielsa estará en Manhattan como Eduardo Duhalde en Montevideo, salvando las distancias.

Una recriminación le trabaja la cabeza, sin escapar en palabras: mientras él discute con los cubanos por la doctora Molina y recibe a su hijo en su despacho con toda la pompa, en la Secretaría General de la Presidencia disponen los detalles para la visita que realizará Fidel Castro a Buenos Aires en marzo. Como se adelantó en Charlas de Quincho del lunes pasado, el dictador prefiere esperar del otro lado del río la asunción de Tabaré Vázquez en Montevideo. Sabe Castro que Jorge Batlle, saliendo del poder, no lo quiere saludar y el malestar es recíproco.

El segundo agravio que mortifica al ministro viajero es la iniciativa que llevará adelante Julio De Vido en enero. A mediados de mes el ministro de Infraestructura aparecerá en el despacho de Kirchner con José Eduardo Dos Santos, un ex guerrillero que actualmente es presidente de Angola. Como los chinos de Hong Kong que complicaron la relación entre el gobierno argentino y el de China (hoy la tensión es llamativa), este angoleño llega de la mano de Helder Battaglia, el portugués amigo de De Vido que comanda el Banco Spirito Santo.

Battaglia y los angoleños entusiasmaron al ministro de Infraestructura con negocios de diamantes y petróleo. También con la contratación de empresas argentinas para la reconstrucción de Luanda. Se hablará de estas posibilidades en Buenos Aires, el próximo 14. ¿Dónde estará Bielsa en esos días? ¿Bajará a Buenos Aires, obediente, o se excusará en algún mandato que le otorguen en Naciones Unidas? L preocupa al canciller esta oficina paralela abierta por De Vido, como lo preocupaban a Guido Di Tella los movimientos de Alberto Kohan. En el caso del ministro de Kirchner hay una razón adicional: le han llenado la cabeza con la idea de que desde algunas embajadas extranjeras se ha ilustrado sobre estos problemas a la Carrió, quien tirará varios papeles durante la campaña para que él los cabecee. Tampoco el viaje que realizará José Luis Rodríguez Zapatero a fin de mes, desde España, se prepara en la Cancillería. El organizador es el embajador en Madrid, Carlos Bettini, quien a pesar de ser leal amigo de Bielsa (almorzaron hace 15 días en el Sheraton de Córdoba y Maipú), debe cumplir con el encargo de Kirchner de llevar adelante la relación con el PSOE personalmente, como ya se demostró en el viaje que realizaron a la península Cristina Kirchner y Alberto Fernández.

Con la Cancillería agujereada, molesto, Bielsaprefiere desplazar de su lugar al embajador ante la ONU, César Mayoral, quien debe explicar ante sus pares por qué en el caso argentino es el ministro quien ejerce la presidencia del Consejo, como si no confiaran en él. No alcanza con explicar que la agenda, en esta ocasión, es demasiado complicada. Todos saben en la ONU que quien ocupa la cabecera por un mes debe adecuarse a lo que prepara una sala de situación en la que los chicos no hablan, por decirlo de alguna manera. Es decir, Bielsa deberá comportarse como el intérprete de un libreto que se escribe en otro lado. Y, mirándolo bien, para hacer la misma tarea, es mejor Nueva York que Buenos Aires.

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