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18 de septiembre 2007 - 00:00

Resultado golpeó en cuarteles lavagnistas

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Aunque oficialmente el radicalismo aseguró que esperará hasta el escrutinio definitivo para anunciar o no el reconocimiento de la victoria de Jorge Capitanich en Chaco, el daño que provocó a la UCR el resultado de esa elección ya parece irreparable. El nombre de Angel Rozas quedó asociado a la candidatura de Roberto Lavagna, aunque en realidad el chaqueño no estuvo nunca entre los fanáticos de la candidatura del ex ministro de Economía. Pero en las formas, Rozas en Chaco es Lavagna. Son algunas de las caras de este resultado que cae en el peor momento para la UCR y también para la campaña de su candidato a presidente: nadie esperó un resultado que confirma, sea cual fuere el escrutinio definitivo, un empate real cuando el radicalismo esperó allí una diferencia no menor a los 15 puntos y la posibilidad de retener la única provincia que aún gobierna.

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En ese punto las cosas tampoco parecen estar bien en la relación entre el radicalismo y la campaña de Lavagna. Los estilos son distintos: mientras el comité de campaña armado por Lavagna administra la política casi con asepsia, el radical jujeño Gerardo Morales, compañero de fórmula, se mueve con técnicas que hasta parecen peronistas. Por ejemplo, fue él quien lo arrastró ayer a Lavagna hasta los tribunales de Comodoro Py para ampliar las denuncias contra Guillermo Moreno por los abusos en el INDEC.

El diálogo entre los grupos, entonces, si bien es fluido, en ocasiones no es en el mismo idioma. Esa situación, obviamente, es preexistente y no tiene relación con la elección de Chaco, pero se potencia con ella.

El pánico comenzó a recorrer la UCR ya el domingo por la noche. El resultado de Chaco no sólo evidenció una falla en casi todas las encuestas que se realizaron en la provincia, sino también en los números que manejaba el propio radicalismo.

No es un secreto que -si se cree algo en las encuestas- éstas no le están siendo favorables a Lavagna para la presidencial. Desde ese punto de vista, los errores de Chaco podrían ser una ayuda al discurso lavagnista-radical que insiste, como también lo hace Elisa Carrió, en no escuchar los números triunfalistas que propala el gobierno.

Ese único consuelo se mechó ayer en el radicalismo con reproches y pases de factura. El escenario para la UCR oficial quedó complicado desde la propia creación de la concertación kirchnerista. Pasó de ser un partido que controlaba seis gobernaciones a quedar sólo con el mando de Chaco, al menos hasta ayer.

La realidad de esa provincia es peor aún que las de Río Negro, Mendoza, Santiago del Estero, Catamarca o Corrientes. En todos esos casos la UCR perdió a sus gobernadores en manos de un gobierno que avanzó con fondos, cargos y promesas. De un plumazo y con ayuda de la caja nacional le birló el poder en esos distritos, algunos históricos del radicalismo, otros conquistas notables que había conseguido del peronismo.

  • Impacto superior

    Pero Chaco se perdió en las urnas, lisa y llanamente. Para cualquier mortal y, más para un cerebro radical, ese impacto es infinitamente superior.

    «Nos dormimos en los laureles y ahora hay que laburar sobre todo. Se dejaron estar, se comieron las encuestas, fueron sectarios, no se abrieron a sumar listas.» Ese puede ser un resumen de lo que se escuchó ayer en el Comité Nacional de la UCR y más tarde en el búnker de Lavagna de la calle Cerrito, en relación con Angel Rozas y el resultado en su provincia.

    El problema entonces es doble. Ahora el lavagnismo radical deberá trabajar también en Chaco para conseguir allí un papel decoroso, cuando hasta ahora la victoria estaba garantizada. No es, para colmo, una tragedia que beneficie a Elisa Carrió, que tuvo una más que mediocre performance en su provincia natal. Por el contrario, el resultado de ayer parece toda ganancia -una bocanada de aire fresco en medio de sus problemas- para Cristina de Kirchner.
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