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«Ya no le creemos», confesaron banqueros en Buenos Aires a este diario, y esa imagen habían transmitido a las grandes sedes en Nueva York. La consecuencia fue que varias entidades enviaron figuras de segunda y tercera línea a su disertación en el Hotel Waldorf Astoria, donde llegó a afirmar que su gobierno «respetará más la seguridad jurídica que ninguno de sus predecesores». A algunos los convenció. A la mayoría no. Internacionalmente, Néstor Kirchner hoy está muy lejos de las expectativas de los más prominentes del mundo que cuando arrancó su mandato se sentaron a su mesa y fueron todo oídos para indagarlo, definirlo. Ahora pesan las desilusiones que provocó con sus bravuconadas, es evidente.
A los que convenció en esa disertación en el Waldorf los desilusionó también cuando se conocieron detalles de su siguiente discurso en la New School University, de tipo «progre», pero a la manera norteamericana con democracia y capitalismo pleno y opuesta a lo que llaman «conservadorismo republicano», por el partido de George Bush. Un error del embajador José Octavio Bordón al La comunidad judía de Estados Unidos -también por consejo desde la Argentina donde hay sectores que igualmente desconfían de Kirchner- no le dio la distinción hablada por facilitar el acceso a la poca información oficial, de valor casi nulo sobre el ataque a la AMIA. En cambio, le obsequió un libro respetable sobre el judaísmo pero que se puede conseguir en la Argentina .
También los judíos de Nueva York tuvieron que escuchar de Kirchner un discurso donde se reiteró hacia el pasado -Kirchner vive en el pasado- aludiendo a la pésima investigación del atentado a la AMIA. La crítica hacia atrás es un latiguillo insistente del mandatario argentino que comienza a restarle credibilidad e imagen.
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