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En definitiva, una jugada magistral de los promotores que salen beneficiados por la difusión del show, los promotores Juan José Zanola, que llevó el proyecto cuando se hablaba de la amenaza de despidos masivos de bancarios (en plena caída del Scotiabank), y Luis Barrionuevo, a quien casi nadie enfoca como impulsor de esta ley en el Senado. Curiosamente, el senador de los gastronómicos no aparece en ninguna denuncia ni se lo sindica como estrella de una cámara oculta.
• No faltan motivos para pensar que Malvina Seguí --imputada por las coimas-despierta recelos, dentro y fuera de la casa de las leyes, y, por esa razón, puede ser objeto de una campaña de desestabilización con promotores de amplio espectro. En el plano doméstico, consiguió ubicarse a la cabeza de 2 comisiones clave, una muy apetecida por quienes tienen más espíritu de entrepreneurs que de políticos -la de Seguimiento de las Privatizaciones-. Allí se analizan, entre otras cosas, las renegociaciones de contratos de servicios públicos y merecería una operación para desbancar a Seguí y ocupar su silla.
La otra dependencia, de reciente creación, investiga la fuga de capitales del sistema bancario, después de la instalación del «corralito». La delegada del NOA logró esta distinción, a continuación de un enfrentamiento con la conducción del bloque PJ que estuvo a punto de arrojarla a los brazos de los 8 rebeldes que se opusieron a la derogación de la polémica «subversión económica» (Jorge Busti, Jorge Yoma, Cristina Fernández de Kirchner y otros). La presión parece que surtió efecto, y le cedieron esta comisión sobre bancos.
En esta función -similar a la que ensayó Elisa Carrió con las tristemente célebres «cajas» en la temporada pasada-, Seguí elaboró un interminable informe en el cual carga las tintas contra Aldo Pignanelli. Sería lógico pensar que ganó algunos enemigos extramuros, de los bancos y, en especial, del Central.
• Dentro del bloque, hizo buenas migas con otras damas, en especial, con la salteña Sonia Escudero y la sanluiseña Liliana Negre de Alonso. Junto con ellas, opuso resistencia a algunas propuestas polémicas, como la denominada Ley Cultural.
• También se granjeó algunas rivalidades. Lo demostró en su discurso del miércoles, cuando se defendió de las sospechas en su contra. Aunque no lo mencionó con nombre y apellido, se descuenta que en ese grupo anota a Carlos Verna, continuador del «viejo Senado» y un verdadero peso pesado en asuntos económico-financieros (es el dueño virtual desde hace años de Presupuesto y Hacienda y puede que también anhelar a pisar fuerte en Seguimiento de las Privatizaciones). Esto explica que haya cargado contra un supuesto enlace de los banqueros y el Congreso, Carlos Bercún, que desempeñó efectivamente ese papel entre Economía y los legisladores durante las gestiones de Roque Fernández y Domingo Cavallo. En ese período, por razones obvias, trabó más que buena relación con Verna.
Con Cristina Fernández de Kirchner, el pleito se desató a partir de que la santacruceña habló del supuesto video que probaba el presunto pedido de coimas a banqueros y lo relacionó con una senadora «de una provincia chica, cercana al menemismo». Seguí se sintió aludida -y ofendida, claro-, no obstante que aclaró su simpatía por Adolfo Rodríguez Saá, aunque antes se mostraba seguidora de Carlos Menem. No habría que descartar que pretenda voltear a la señora de Kirchner de la Comisión de Asuntos Constitucionales para encaramarse ella misma cuando se reestructure la Cámara o nominar a su amiga Escudero.
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