Néstor Kirchner y Carlos Reutemann, ayer distantes, hoy inseparables, se mostraron juntos en acto partidario en el lanzamiento de Cristina Fernándezen Rosario. Desde entonces prometen cabalgar unidos toda la campaña. El acuerdo no es de ahora pero nadie conoce aún el rumbo que tomará.
Una de las sorpresas electorales ha sido, en el inicio de esta campaña, la solidaridad militante de Carlos Reutemann con Néstor Kirchner y con su colega del Senado, Cristina de Kirchner. Romance de un trío no imaginado por ninguna de las revistas del corazón político, ya consagrado y que habrá de renovarse en futuros actos proselitistas. Dato singular: el matrimonio presidencial no acostumbra a disponer de laderos permanentes, salvo personal subalterno, el santafesino es una excepción. Nada de amores ocasionales, entonces, posiblemente fugaces, con otros referentes del justicialismo (Romero, De la Sota, Verna, intendentes bonaerenses), más bien un idilio firme e impensado, como aquel de Arthur Miller con Marilyn Monroe. Al menos, para todos aquellos que han seguido la trayectoria de Reutemann y la de la pareja santacruceña. En rigor, quien crea en este diario no se conmovería con la novedad: casi un año atrás, en Charlas de Quinchos, se describió la reiterada presencia del ex gobernador en la Casa Rosada, nunca promovida desde el gobierno, en amable diálogo siempre con Kirchner. Hasta se coligió que bien podría ser tentado el ex piloto de Fórmula 1 como candidato a la vicepresidencia en 2007, fantasía que alberga más de un político del interior y que en algunos casos se convirtió en señuelo para los menos creídos en el oficialismo.
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Nadie acaso les insinuó esa expectativa a gobernadores como el mendocino Julio Cobos o a referentes autónomos del PJ en la provincia de Buenos Aires.
Aun así, sin embargo, extraña esta comunión entre Kirchner y Reutemann, ya que éste no se asimilaba en principio a las líneas básicas del santacruceño -más bien, se lo podía situar en la oposición- y, si bien compartió banca con la senadora Cristina, jamás allí tuvo trato preferencial con ella. Pero, claro, el parco santafesino no ha sido hombre de exageradas relaciones en ese cuerpo y, para ser justos, tampoco ella se destaca allí por amistades particulares aunque sea más dispuesta al monólogo. En consecuencia, ¿de dónde proviene el fluido misterioso que permite hoy la química entre Reutemann y los Kirchner?
Uno sabe que «Lole» ha sido producto de Carlos Menem, un exitoso invento fuera de la política y los cánones tradicionales de los partidos (al menos, si se lo compara con Ramón Palito Ortega y otras expresiones más olvidables). Ese método de ascenso, sin embargo, siempre fue rechazado por Kirchner, quien detesta a los que ingresan a su actividad por la claraboya. Mucha más repugnancia le produce, además, cualquier ingenio salido de la marmita menemista. En materia de distancias, tampoco pueden inferirse vínculos por afinidades liberales, ya que pasadas consultas de Reutemann con Roberto Alemann, al Cema o Mauricio Macri, o su respeto por la profesionalidad económica de Ricardo López Murphy, jamás fueron del halago presidencial, hombre en todo caso más conservador en sus gustos y dedicado a la prédica progresista. Algunos visitantes de la Casa Rosada, por otra parte, no podrían incluirse en una lista de favoritos en la agenda de Reutemann.
Ni hablar, claro, de otra disidencia superior: Eduardo Duhalde. Tal vez hoy esos vínculos del santafesino no sean tan próximos, pero nadie olvida que el bonaerense siempre tuvo a Reutemann como el más blanco de los políticos para encabezar la marea peronista. Si bien no llegaron a consumarse esos propósitos, la verdad es que no fue por falta de compromiso de Duhalde; al contrario, Reutemann se encargó de desertar varias veces de posibles candidaturas, aún pesa el recuerdo de aquella frase aún inexplicada -y referida a la administración Menem- de que «he visto cosas raras en la Casa Rosada». Por ese idus constante de Reutemann, justamente, aparecieron otros postulantes, como José Manuel de la Sota en un momento y, después, el ahora mandatario sureño. Sería abundante recordar que Kirchner y Duhalde, a su vez, no parecen pasar por el mejor momento.
• Intereses políticos
Entonces, si es tanto lo que los diferencia, ¿qué es lo que reúne al santafesino con el matrimonio presidencial? Intereses políticos comunes en Santa Fe, necesidad de respaldar al candidato de la Rosada (Agustín Rossi), hoy en desventaja frente al socialista Hermes Binner. Parece insuficiente la explicación, por más que los socialistas sostienen que la suma de juicios que pesan sobre Reutemann -que pueden amenazar inclusive lo que se conoce de su patrimonio- no tendrá demoras en la medida en que ellos avancen hacia el gobierno. Al respecto, también se sostiene que la provisión de subsidios del gobierno nacional al provincial también contempla a muchos de los damnificados por aquel desastre diluvial y, por lo tanto, la continuidad de ese goteo tranquiliza a muchas almas castigadas por el fenómeno climático. Y a quien, quizás con injusticia, muchos de ellos responsabilizan.
Demasiado conspirativo sería ese sustento para justificar la inmediatez de Reutemann con Kirchner, casi una apelación a una recurrida expresión borgiana sobre el espanto. En todo caso, esas conveniencias habría que adosarlas a otra lista de razones, en la que figura cierta convalidación del santafesino a actitudes del mandatario: empatía por expresiones sobre transparencia, por la presunta inclinación de captar personalidades ajenas al PJ (idea que siempre fascinó y ejerció Reutemann) o por compartir un tipo de cambio que hoy -debido a los niveles de precios de la soja- benefician a un sector del cual es protagonista. Quizás allí anide parte del afecto que Reutemann ha comenzado a destilar y exhibir por Kirchner, mientras éste se revela cómodo y agradecido al contar y exigir, a su vera, con un hombre que le agrega prestigio, difícil de hallar en su lista de contertulios entrañables. Ya que, en este romance de los K con el santafesino, de indudable perplejidad política, también importa lo que el dúo del Sur requiere para su propio interés, para sostenerse en la porfía electoral venidera. ¿Servirá ese noviazgo para las urnas de Santa Fe, también para otros distritos? Tan dudoso el juicio como saber si esta unión transitoria de empresas personales culminará el mismo 23 de octubre o tendrá derivaciones para una licitación superior en los próximos dos años.
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