El viernes próximo, en la tradicional Universidad de Salamanca, la agenda internacional conseguirá lo que no logró la política bonaerense: reunir a Néstor Kirchner y a Eduardo Duhalde en un mismo recinto. Será durante la cena de gala que ofrecerá Juan Carlos I para agasajar a los mandatarios que asistan a otra Cumbre Iberoamericana. Duhalde fue invitado a concurrir por el propio rey, quien lo quiere en España por su condición de secretario general del Mercosur. Kirchner, por su parte, fue convocado en más de una oportunidad, ya que se teme que deje de asistir, como hizo en la última edición de esta reunión, en Costa Rica. Hay que pensar que la presencia de Duhalde no modificará su decisión de viajar, aun cuando la semana pasada, en Brasilia, pidió cambiar de hotel para no respirar el mismo aire con quien fuera su padrino.
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Que Kirchner se siente entre los presidentes que acostumbran asistir a esas reuniones transatlánticas no debería ser una novedad, aun cuando él suele exasperar con la incertidumbre de su agenda. Lo que resulta menos previsible es que también Duhalde se calce el frac -hay también una opción más republicana de traje oscuro- para sentarse a la mesa. Pero el Rey decidió invitarlo en su calidad de secretario general del Mercosur, una función que ha dado al ex mandatario, en los últimos días, más satisfaccionesproselitistas que el trajinarde su esposa Chiche por la provincia de Buenos Aires.
Es verdad: gracias a ese cargo en el que lo designó Kirchner, Duhalde recibió en la semana que termina el agasajo verbal de Luiz Inácio Lula da Silva y de Tabaré Vázquez. Lo de Lula fue, también gracias a una cumbre, en este caso sudamericana. En realidad, algunos presidentes están entrando en estado de confusión por la multiplicidad de este tipo de encuentros de alto nivel: los hay del Mercosur, de la Comunidad Sudamericana, de la Iberoamericana, de las Américas, tantos que hasta se mezclan las agendas, los propósitos y los protagonistas. Pero a Duhalde le vienen prestando un gran servicio tales experiencias. Es más, lamenta que la de Mar del Plata no se realice antes de las elecciones: tal vez podría participar y conseguir, en beneficio de Chiche y su carrera, una «photo opportunity» con el mismísimo George W. Bush.
El Rey, a decir verdad, no tiene de qué excusarse con Kirchner. Gracias a su invitación, estaráen España el secretario general del Mercosur, Duhalde, pero también el de las Naciones Unidas, Kofi Annan, lo mismo que el presidente de la Unión Europea, el portugués José Manuel Durao Barroso. Eso sí, ¿irá más allá don Juan Carlos? Por ejemplo, ¿concederá una audiencia especial a Duhalde, quien podría querer despedirse de sus funciones internacionales en esta ocasión? Los responsables por la agenda del caudillode Lomas, con Eduardo Amadeo a la cabeza, están tratando de combinar una serie de encuentros de manera casi artesanal, por lo que todavía no se conocían anoche los compromisos de Duhalde, quien se codeará con 22 jefes de Estado que se preparan para ingresar a las deliberaciones salmantinas. Estarán todos, salvo Fidel Castro, lo que significa también un homenaje a Enrique Iglesias, quien asume su cargo de secretario general de las cumbres iberoamericanas después de haber abandonado la presidencia del BID.
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