10 de mayo 2007 - 00:00

Santa Cruz peor: ya se paraliza la provincia

• Caos y heridos de bala de goma en nueva protesta. La Iglesia llamó a mantener paz social

¿No era que el método del oficialismo consistía en contener, consentir y hasta asegurar las protestas, por más violentas que fueran y aunque unas minorías impidieran la vida normal a la mayoría? En Santa Cruz tampoco funcionó ayer esa consigna que el kirchnerismo le impone a todo el país. La violencia discursiva del Presidente cuando trató a los manifestantes de «patoteros cobardes» -y una formidable impericia del gobierno en encontrarle una solución a esta crisis que lleva ya casi dos meses- era esperable que produjese réplicas. Las calles de Río Gallegos volvieron ayer a ser ocupadas por una multitud de empleados municipales encabezados por el intendente radical de la capital provincial. Como no ocurre en ninguna otra protesta en el país -salvo excepciones, como fue la de Neuquén-, la Policía de la provincia presidencial reprimió con un saldo de 11 heridos por bala de goma, uno de los cuales sufrió la amputación de tres dedos del pie. Fue una de las jornadas más violentas que se recuerdan en Santa Cruz, comparable con el caos desatado a principios del año pasado en la localidad de Las Heras, en hechos que entonces se cobraron la cabeza del gobernador Sergio Acevedo y la muerte del policía Jorge Sayago. Anoche continuaban corridas y protestas dispersas. En Buenos Aires, el gobierno nacional mira todo por televisión y amaga con respuestas radiales de los Fernández, inocuas ante tamaño problema. La oposición llevó el tema al Congreso e instaló el debate en la sesión de Diputados.

Miles de santacruceños semovilizaron tras los incidentespara rechazar el accionarde la Policía (arriba). Los manifestantes heridos fueron asistidos primero frente al obispado, y después trasladadoshacia el hospital zonal (abajo).
Miles de santacruceños se movilizaron tras los incidentes para rechazar el accionar de la Policía (arriba). Los manifestantes heridos fueron asistidos primero frente al obispado, y después trasladados hacia el hospital zonal (abajo).
Santa Cruz - La crisis social en la provincia del Presidente desbordó ayer en un brutal enfrentamiento entre empleados municipales de Río Gallegos y efectivos de la Policía santacruceña, que dejó un saldo de once heridos de bala de goma; incluso uno de ellos sufrió la amputación de tres dedos de un pie.

En respuesta, los gremios estatales y los docentes anunciaron un paro provincial para el viernes, al que podría sumarse el sector privado. De concretarse, sería un hecho inédito en la historia de la provincia. Hoy, en tanto, seguirán de huelga los maestros, los municipales y los médicos de los hospitales públicos.

La reacción incluyó también una masiva movilización integrada por gremios docentes, estatales, municipales, judiciales, legislativos y organizaciones de jubilados que recorrió las principales avenidas de la ciudad.

Asimismo, varios comercios minoristas y supermercados cerraron sus puertas en señal de apoyo a la protesta multisectorial.

En tanto, al término de la marcha, dirigentes de la Mesa de Unidad Sindical confirmaron el paro provincial para el viernes y pidieron «que se vayan el gobierno, los gendarmes y la patota». También pidieron la renuncia del jefe de Policía local, Wilfredo Roque, a quien responsabilizaron por los incidentes.

El de ayer fue, en rigor, el episodio más violentoque se registró en esta provincia después de los trágicos episodios ocurridos el año pasado en Las Heras, que derivaron en la muerte (aún sin esclarecer) del policía Jorge Sayago.

Todo derivado de la crisis iniciada por los docentes en huelga hace casi 60 días, la conflictividad de esta provincia, rica en regalías petroleras y con florecientes ahorros en el extranjero, escaló ayer a niveles impensados.

Hasta el propio gobierno local, encabezado por el pasivo Carlos Sancho, acusó por primera vez recibo de los incidentes: el secretario de Derechos Humanos, Alberto Marucco, presentó su renuncia indeclinable. Es el primer costo que sufre el gabinete inerte de Santa Cruz.

«Nos prepararon una emboscada», denunció Guillermo Díaz, un empleado municipal que describió a este diario cómo se desarrollaron los incidentes.

Todo se inició a media mañana, cuando un centenar de empleados municipales se reunió en la zona conocida como El Corralón, donde se aglutinan las tareas de mantenimiento del municipio. Desde allí organizaron la marcha hacia el Palacio Municipal para entregar un petitorio a las autoridades municipales y concejales reiterando su reclamo del pase al básico de las sumas remunerativas, al tiempo que la intención final era marchar hasta la Casa de Gobierno, donde se entregaría copia del reclamo.

Pero la protesta excedía el ámbito municipal ante la presunción de que el gobierno provincial estabaretaceando los fondos convenidos, en su momento, con el Municipio local de sumas destinadas al pago de salarios, una denuncia por fondos de coparticipación que la administración del radical Héctor Roquel viene realizando desde hace varios meses.

Pero al llegar a la esquina de San Martín y Urquizauna barrera de efectivos policiales les cerró el paso disparando, a mansalva, gases lacrimógenos y balas de goma.

«Después todo derivó en confusión. Gritos, corridas, tiros. Era un caos», relató Díaz.

Una vez disipada la marabunta, la escena confirmaba: once manifestantes heridos, dos de los cuales debieron ser hospitalizados, y una sensación de caos y pánico instalada para quedarse.

El propio intendente Roquel, que participó de la marcha, salió a tranquilizar a los manifestantes. «Les pido calma, defendamos la paz social», dijo en medio de la confusión.

La seria lesión en el pie derecho que sufrió el empleado Miguel Angel Aranda fue confirmada por la jefa de guardia del hospital zonal, Alicia Campbell, que la atribuyó a un impacto de bala de goma, pese a que el gobierno nacional lo negó y dijo que fue efectuada con una barreta.

Juan Carlos Ibáñez, otro agente municipal, recibió tres impactos de bala de goma en el rostro y el brazo y también debió ser intervenido quirúrgicamente.

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