10 de julio 2006 - 00:00

Sanz: "El peligro más grande son los DNU, no superpoderes"

Ernesto Sanz, presidentedel bloque desenadores UCR.
Ernesto Sanz, presidente del bloque de senadores UCR.
La semana que comienza estará dominada por la discusión sobre los daños que provocarán en la calidad institucional de la Argentina los dos proyectos que impulsa hoy el Poder Ejecutivo en el Congreso: el de reglamentación de los decretos de necesidad urgencia (DNU) en favor del Presidente de la Nación y el de atribuciones especiales para el jefe de Gabinete en el diseño del Presupuesto nacional.

La prensa, y la oposición en general, han puesto hasta ahora estos proyectos bajo análisis de manera desarticulada. Pero es probable que haya senadores y diputados que, en los próximos días, hagan notar a la opinión pública que se trata de dos iniciativas con el mismo sentido, aunque con distinto grado de violencia sobre las garantías republicanas. Ernesto Sanz comenzó ayer con esta observación: «Los superpoderes son dañinos, claro, ¿qué duda cabe? Pero no son, en su perversidad, ni la sombra de la reglamentación de los decretos de necesidad y urgencia». Este mendocino parece adelantar las tesis que se escucharán en la Comisión de Asuntos Constitucionales de Diputados, esta semana, cuando se discuta el texto aprobado en el Senado sobre la reglamentación de los DNU. Un órgano dirigido por uno de los denominados -por su pragmatismo- «jóvenes viejos» del PJ, el salteño Juan Manuel Urtubey.

A Sanz, presidente de la bancada radical del Senado, le ha tocado convertirse en el principal contradictor de Cristina Kirchner, quien de llamarlo Ernesto (tiempos en que ambos defenestraban a Antonio Boggiano de la Corte) pasó a denominarlo «senador por Mendoza», sobre todo desde que el ex intendente de San Rafael se dedicó a objetar las expansiones cesaristas de la esposa del Presidente. Este lugar estratégico que le ha tocado a Sanz en el diseño político de estos días vuelve más interesantes sus observaciones. Por ejemplo, ésta: «Por obra de la reforma a la Ley de Administración Financiera (superpoderes), el jefe de Gabinete podrá en adelante modificar el Presupuesto nacional a su antojo. Pero al consagrarse como se lo está haciendo los DNU, el Poder Ejecutivo estará en condiciones de aumentar y disminuir el Presupuesto, algo que no autorizan los superpoderes».

Sanz es minucioso en su interpretación. «Están haciendo una contrarreforma constitucional sin llamar a una Constituyentey, a través de ella, los DNU dejarán de ser excepcionales para convertirse en habituales. Cualquiera que lea las sesiones de la Constituyente de 1994 advertirá que el sentido de incluir estos decretos en el texto de la Constitución era acotarlos, desalentarlos. Pero ahora se está estableciendo la tesis por la cual los DNU no son un acto complejo,sino un acto simple del Poder Ejecutivo».

El pasaje de lo «complejo» a lo «simple» que indica Sanz se explica de la siguiente manera: en la tesis que se consagró en Santa Fe, los DNU son un acto del Ejecutivo que se produce haciendo uso de facultades del Congreso y que, por lo tanto, sólo se perfecciona cuando el Congreso lo convalida. En cambio, ahora se pretende que son actos simples del Poder Ejecutivo, en los cuales el tratamiento del Congreso se reduce a una mera formalidad. Esta es la «contrarreforma constitucional» a la que se refiere el mendocino y en la que encuentra un aliento al dictado de DNU.

En efecto, si los decretos no están limitados en su validez por un plazo a partir del cual el Parlamento estaría obligado a tratarlos y, lo que es más grave, si bastaría con que sólo una Cámara los apruebe para que se perfeccione esa validez, lo que se logrará con este régimen legal es que el Ejecutivo gobierne por decreto y no buscando la sanción de leyes. «Eso es mucho más grave que los superpoderes», se queja Sanz.

El problema reaparecerá ahora en el Senado con la discusión de las facultades extraordinarias que obtendrá el jefe de Gabinete. Será de nuevo Cristina Kirchner quien deba justificar un cambio de opinión: así como ella promovía una autorización mucho más restrictiva para los decretos, también militó en contra de los superpoderes. Eran otros tiempos, gobernaban Menem, De la Rúa, el padrino Duhalde. El modo en que la primera dama justificó su cambio de posición, el jueves pasado, pasará a la historia de los debates legislativos. «Cambié porque cambió la realidad», dijo la senadora. «Sobre todo la de ella» habría que agregar: ahora su marido es Presidente y Cristina, que reclamaba con falsa modestia el trato de legisladora, usa la primera persona del plural cuando se refiere a decisiones tomadas por Kirchner.

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