9 de octubre 2001 - 00:00

Segunda fase del ataque será aun más vigorosa

París - Los ataques lanzados el domingo a la noche y ayer por las fuerzas estadounidenses y británicas contra objetivos afganos parecen ser la primera oleada de una campaña militar prolongada para acabar con las bases terroristas y quebrar a la milicia de los talibanes que gobiernan el país, y no simplemente una venganza punitiva por los atentados suicidas del 11 de setiembre.

Los primeros golpes apuntaron a neutralizar las defensas antiaéreas que pudieran entorpecer las operaciones en el cielo de Afganistán y a interrumpir el sistema de comunicaciones de las fuerzas talibanes y del líder terrorista Osama bin Laden.

«El Pentágono quiere minimizar el riesgo de que sus efectivos pudieran caer en manos de los talibanes», indicó un experto en defensa.

La siguiente fase incluirá un bombardeo de mayor envergadura que apuntará a las fuerzas terrestres de los talibanes y tratará de forzarlos a moverse a lugares abiertos en donde sean vulnerables a ataques de la aviación estadounidense.

El principal problema para los estrategas de Estados Unidos es la escasez de objetivos militares importantes y la facilidad para evadirse de las milicias del régimen talibán. Estados Unidos y sus aliados necesitarán coordinar sus golpes aéreos con las operaciones terrestres de las fuerzas de oposición a los talibanes, eventualmente ayudadas por los comandos especiales de EE.UU.

Ventaja

El desafío es adaptar la inmensa ventaja tecnológica de Estados Unidos para pelear con una guerrilla tribal enclavada en las montañas. Aun cuando los terroristas tuvieran al menos una docena de bases, que son a la vez campos de entrenamiento y puestos de comando, allí pueden estar protegidos en efectivos búnkers afincados en profundidad. Antes de que esas bases sean atacadas por la opositora Alianza del Norte o por los comandos de elite, las comunicaciones y las defensas deberían ser eliminadas por las armas inteligentes del tipo de las usadas el domingo y ayer. Luego los aviones estadounidenses y británicos podrán operar a la luz del día y arrojar bombas guiadas por láser con cargas explosivas más importantes.

El ataque del domingo incluyó la base aérea más importante en las afueras de la capital, Kabul, y otras cercanas a las principales ciudades como Kandahar -centro político del país-y Jalalabad, situada cerca del paso de Kyber, en la frontera con Pakistán. Las bombas también golpearon en Kunduz y Mazar-E-Sharif, en la línea de fuego entre los talibanes y la guerrilla rival.

Debido a la importancia de la opinión pública de Afganistán y del mundo islámico para el éxito de la misión, las fuerzas estadounidenses ya arrojaron comida y ayuda humanitaria.

En términos militares, los golpes iniciales pueden ser la parte más fácil del operativo para devastar la elemental estructura armamentística de los talibanes. Pero luego las fuerzas armadas de EE.UU. deberán pelear ante 50.000 hombres de la milicia afgana, y posiblemente frente de 10.000 voluntarios de muchas naciones musulmanas y de ex miembros de las fuerzas paquistaníes.

La fase decisiva, según especialistas, podría incluir batallas locales, emboscadas y opera-ciones comando para capturar o matar a terroristas donde se encuentren.

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