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30 de octubre 2006 - 00:00

Serio traspié

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El Presidente recibió anoche en Santa Cruz una noticia que ya columbraba, si es cierto lo que dijo ayer un diario, que nunca vio en su vida tantas encuestas como las de Misiones. Algo sabría y lo revela que quisiera estar lejos de este revés. Su actitud recordó otras migraciones de oportunidad; semblanteó desde la misma distancia geográfica la primera marcha de Juan Carlos Blumberg y la tragedia de Cromañón.

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Esta vez el resultado es más grave porque impugna todos los prejuicios que el gobierno instaló en política: que se gana con reparto de bolsones de comida y gastando el superávit en captar dirigentes y votos; que se pueden imponer candidatos como quien encabezó la lista rovirista, que nunca habló en campaña ni dio reportajes porque la interpretaban mejor las visitas con dádivas de Alicia Kirchner o Sergio Massa; que se pueden ganar elecciones comprando encuestas para influir en el electorado los días previos a la votación.

El primer dictamen de la elección de ayer es que Kirchner no tiene que barajar de nuevo; tendría que cambiar el naipe y quizá de juego. Frente a esos prejuicios alzados para intimidar a los dirigentes se opuso la fuerza del voto. Sus adversarios le fueron a dar pelea en Misiones y le ganaron. Debió el gobierno pensar en esto antes de alinearse en ciertos apoyos: el año pasado con Cristina Kirchner en Buenos Aires el gobierno alcanzó apenas 40% de los votos en las elecciones legislativas nacionales.

También debió recordar la suerte de los candidatos a quienes respaldó el Presidente en elecciones. «¿No traerá mala suerte?», se preguntaban anoche algunos de quienes gozaban con la derrota ajena. Kirchner apoyó a candidatos derrotados en Santiago del Estero (José Figueroa, le ganó Gerardo Zamora) y en el Chaco (Jorge Capitanich); en diputados acompañó las derrotas de Oscar Massei (perdió en Neuquén), Agustín Rossi (Santa Fe), Daniel Pérsico (San Luis), Enrique Thomas (Mendoza) y Rafael Bielsa (Capital Federal).

Incluso Cristina de Kirchner le ganó a Chiche Duhalde por un porcentaje menor del que había tenido en 1997 Graciela Fernández Meijide por sobre la esposa del entonces gobernador de Buenos Aires, el poderosísimo Eduardo Duhalde.

Eran demasiados llamados a reflexionar sobre conductas electorales que han sido desatendidos y que fuerzan que el gobierno mire con otros ojos el año electoral 2007 ante el cual sólo Kirchner parece prevenido.

El efecto del resultado de anoche se proyecta más sobre el gobierno nacional que sobre el provincial, allí donde la alianza que encabeza Carlos Rovira pierde la chance de nuevos mandatos, pero podría imponer un candidato que le aseguraría la continuidad a una gestión de ocho años que es de esperar termine sin el contagio político de la derrota de ayer.

La advertencia no es sólo por las prácticas electorales y de administración que quedan sepultadas en Misiones; también porque se verifica por primera vez la formación de un arco opositor que en esa provincia incluyó a todos quienes no son gobierno.

Actuaron junto con la listadel obispo Piña fracciones kirchneristas, del PJ y de la UCR disidentes, con apoyo gravitante del peronismo nacional de los ex duhaldistas, el lavagnismo, el macrismo, la UCR de Roberto Iglesias, el lopezmurphysmo y el ARI de Elisa Carrió.

Pesó de manera sustancial una señal nunca desmentida de apoyo al No provincial del cardenal primado Jorge Bergoglio, que destrabó la negativa inicial del obispo Joaquín Piña a incursionar como candidato. No es menor este detalle ya que Kirchner cree que Bergoglio es el jefe real de la oposición en un país en donde los dirigentes opositores no se animan ni a adelantar la noticia de si serán candidatos.

La presencia el viernes en Misiones de Juan Carlos Blumberg le da otro color al resultado en el orden nacional: el padre del joven asesinado confirma que sigue siendo un fenómeno de opinión poderoso.

En un gobierno insolidario como éste no era fácil encontrar anoche a alguien que quisiera explicar el resultado de Misiones desde la óptica oficial; menos asumir alguna responsabilidad que, por la dimensión de este final, será asunto de otra pelea interna.

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