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6 de diciembre 2005 - 00:00

Setentismo y ausencias en la presentación de Cristina

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Hilda Chiche Duhalde

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Carlos Kunkel, jefe de Néstor Kirchner en los '70, en la universidad platense -que ayer recibió el diploma como diputado nacional- aportó el detalle sesentista fletando militantes desde Florencio Varela para colorear una ceremonia que el kirchnerismo vivió como una fiesta, tardía, por la victoria del 23/10.

Enfundada en blanco, con un strapple color crudo, Cristina llegó al Senado pasadas las 18 junto a Felipe Solá, y se entretuvo en una charla con Graciela Giannettasio. Luego, en el recinto, José Pampuro, el otro senador del FpV, prestó su oído a los lamentos de la primera dama sobre lo moroso del acto. Tuvo su premio: luego de recibir el diploma, Cristina sólo se permitió dos saludos: al ex ministro de Defensa y a Alberto Balestrini, que se acercó hasta la senadora. El beso al aire fue para su madre Ofelia, sentada en un palco VIP junto a Estela de Carlotto, y la hermana de la todavía senadora por Santa Cruz.

En silencio, Cristina no acalló el fraseo que bajó de la zona alta donde se ubicaban las «barras» franquiciadas por Kunkel. Sonrió, apenas, cuando unos pocos entonaron «somos los descamisados». Ni se inmutó con el hit «es para Duhalde que lo mira por TV». Sí, como todos, se puso de pie al sonar el himno. Desde la mañana rondó la versión de que el Presidente estaría presente en el show. Nunca llegó.

No fue la ausencia más notoria: Chiche Duhalde, senadora por el PJ duhaldista, prefirió quedarse en su casa de Lomas de Zamora. Luis Patti, del PAUFE, tampoco asistió a recibir el diploma como diputado electo. Chiche y Patti «rankearon», casi a la par y por varios cuerpos sobre el resto, como los más silbados de la jornada. Sobre el ex subcomisario, por estas horas embretado por una impugnación que intenta frenar su asunción en el Congreso nacional, diluvió desde lo alto un catálogo de maldiciones.

La esposa de Eduardo Duhalde -para el ex presidente hubo también un recordatorio coreado- tuvo la precaución de no asistir. Había, se explicó, concurrido el 29 al Senado a jurar, pero las demoras en el escrutinio bonaerense trabaron ese trámite. Y no quiso, ayer, plantarse ante un auditorio impiadoso. En los próximos días, sin oropel y si puede en soledad, asumirá su banca en la Cámara alta, donde conformará un bloque unipersonal.



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