Después de una gestión completa de gobierno, Néstor Kirchner parece preocuparse por los tres policías acribillados hace 48 horas en La Plata. No exactamente por un comisario asesinado el mismo día (como tantos otros desde que empezó esta administración), sino por este otro hecho nefasto que determinó la suspensión de la campaña electoral de Cristina de Kirchner (se privó de asistir a un acto con Marcelo Tinelli, ausencia que hoy será compensada por el propio Presidente, no vaya a ser que se moleste quien hace bailar "Giselle" a su esposa como si fuera Maia Plisietskaia o califica de López Rega al jefe de Gabinete).La gravedad, entonces, pasa por la cantidad de víctimas o el carácter guiñolesco del crimen (con numerosas puñaladas). Y, en verdad, manifiesta una inquietud personal por el fantasma que genera un caso de esta magnitud, más que la intención de realizar algún cambio político o de la generosidad de visitar a los parientes de los asesinados, esos oficiales tan empleados públicos como los habitantes de la Casa Rosada. También hubo, en este escenario -coincidiendo la violencia a las etapas previas a otras elecciones-, un propósito de manipulación del múltiple crimen, instalando una sospecha de que los policías fueron talados por opositores a la política de derechos humanos del gobierno. Esa declaración y otras en paralelo del ministro León Arslanian no parecen las más apropiadas para un acontecimiento luctuoso que reconocería orígenes menos modestos y despreciables. Inclusive, hasta revelaría la ineficiencia de una Policía sin adiestramiento, que es sorprendida con facilidad y que vacía sus cargadores sin causar ni heridas entre los maleantes. Habrá que esperar cierta luz en la investigación, pero sería deseable que el impulso de las elecciones no inspire fantasías sobre la realidad de la inseguridad argentina.
Familiares y allegados de
Alejandro Rubén Vatalaro,
uno de los policías asesinados
el viernes a la
madrugada, desconsolados
el sábado pasado
durante su entierro. En
tanto, el oficialismo sigue
convencido de que el triple
asesinato fue perpetrado
por sectores «relacionados
con el pasado».
El gobierno de la provincia de Buenos Aires promete mostrar para hoy algún avance concreto en la investigación del asesinato de los tres policías en una dependencia de Comunicaciones del Ministerio de Seguridad bonaerense en La Plata. Luego de la inhumación de los restos del sargento Pedro Germán Díaz, de 45 años, y los oficiales Ricardo Torres Barbosa, de 26, y Alejandro Rubén Vatalaro, de 27, que operó como una manifestación en contra de León Arslanian, el Ministerio de Seguridad Bonaerense mantiene como única hipótesis del crimen la existencia de un «mensaje» mafioso emitido a través de los asesinatos por efectivos de la Bonaerense exonerados.
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Esa es, además, la explicación de la Casa Rosada hasta ahora sobre lo que sucedió. La única que pudo articular en medio del pánico que provocaron los asesinatos en el oficialismo, justo una semana antes de la elección presidencial y obligándolo a profundizar en el tema de la seguridad que había mantenido congelado durante toda la campaña.
Por eso la hipótesis del complot que inauguró el propio Néstor Kirchner desde la Casa de Gobierno dividió aguas. Resulta curioso el objetivoelegido para el delito cuandoquienes estaban allí eran, en un caso, oficiales en formación en el área de Comunicaciones casi sin entrenamiento, y el restante, lo suficientemente tranquilo como para estar durmiendo en el momento del hecho. Más aún cuando no existían bienes allí para robar, salvo que los delincuentes pudieran pensar que existían rezagos de la Bonaerense que se guardaron en otros tiempos.
Por eso el gobierno atacó a la oposición por vincular las muertes con la inseguridad en la provincia y el temor se multiplicó inclusive desde Mendoza donde la Policía local esta también en alerta por una amenaza de atentado, de acuerdo con lo que acercaron informes de inteligencia oficiales.
Poco claro
La explicación del oficialismo, emitida desde el gobierno de Felipe Solá y la Casa Rosada, habla de una conspiración política unida a una venganza. Poco claro para un gobierno que hizo un manejo político del caso desde el primer momento: acobardado por la dimensión de los crímenes, Kirchner apeló, en medio de una confusión de la que el oficialismo no puede aún salir, a culpar de todo nuevamente a una conspiración, algo que sirve en tiempo preelectoral.
Esa explicación que ensayó el Presidente se utilizó para meter miedo a la población sobre la existencia aún de grupos de mano de obra desocupada, vinculando los juzgamientos de represores directamente con los asesinatos. El miedo, dice algún manual de campaña, mueve al público a buscar protección en el gobierno.
El paraguas le sirvió también a Arslanian para cobijarse, cuando todavía no sabe qué es lo que realmente sucedió y por eso la conveniencia de hablar rápidamente de policías exonerados involucrados, sin tener en cuenta otras hipótesis que se manejan dentro de la fuerza, como la existencia de negocios sin cerrar en el área de Comunicaciones de la Bonaerense.
Alberto Fernández fue ayer el vocero del gobierno para atacar a la oposición -que clama por investigar el episodio como una cuestión relacionada con la inseguridad diaria- en esta politización del triple asesinato de policías: «Quieren que hablemos de la inseguridad y que la gente lo sienta como un problema de inseguridad, cuando en verdad es un mensaje propio de ciertos sectores de la Argentina», dijo el jefe de Gabinete.
Alberto F. se animó a más, para despejar el nubarrón que se le instaló al gobierno precisamente en un tema como la seguridad, que no quiso mencionar en toda la campaña: «Poco tiene que ver este trágico hecho con la inseguridad. Pido seriedad a los candidatos de la oposición».
Arslanian «ha hecho un gran esfuerzo y ha trabajado mucho por mejorar la Policía de la provincia de Buenos Aires, pero evidentemente tiene mucha gente que ha quedado fuera de servicio que opera en las sombras y en contra de un funcionamiento transparente de la Policía, dificultando su tarea», insistió Alberto F. para fundar la teoría oficial.
En La Plata esperan recién para esta semana el resultado de algunos informes periciales sobre rastros de la escena del crimen. Menos éxito hubo en encontrartestigos del hecho, algo casi imposible en ese descampado.
Estos estudios incluyen peritajes balísticos, planimétricos y médicos en los que trabajan tanto los expertos de la Policía Científica como de la Procuración de la provincia de Buenos Aires.
En el lugar donde asesinaron a los tres policías se levantaron vainas servidas y rastros de sangre que tras ser peritados pueden llegar a permitirles a los investigadores determinar cuántas armas se usaron y si hay rastros genéticos de los homicidas. La fiscal platense a cargo del expediente, Leyla Aguilar, analizó ya los informes preliminares de esos estudios, aunque aguarda los resultados finales para poder avanzar en las diferentes pistas con las que ya cuenta y profundizar alguna de las hipótesis que maneja.
Entre los datos que ya se conocen se confirmó que los dos oficiales fueron sorprendidos cuando estaban en un garita de vigilancia ubicada junto a la central de Comunicaciones y que fueron asesinados de un balazo en la cabeza. El sargento, que estaba descansando, escuchó los disparos, salió corriendo e intentó escapar por los fondos del predio, pero fue perseguido por los asesinos y lo mataron de cuatro disparos en la espalda. Las tres víctimas recibieron disparos de armas nueve milímetros y recién después los cuerpos recibieron en total 56 puñaladas que en principio se calificaron como de estilo «tumbero», pero que podrían haber sido efectuadas por un profesional contratado.
Solá, mientras tanto, se reunió ayer durante dos horas con los familiares de los oficiales asesinados para intentar calmar la bronca. Les dijo que ya había ordenado a Arslanian poner «todos los recursos de que dispone con el fin de encontrar a los responsables de los crímenes». El gobernador, a pesar de su intención de profundizar en la investigación, no se apartó de libreto oficial. Ya en el velatorio de uno de los policías había relacionado el hecho con un presunto « mensaje mafioso», camino en el que después lo siguió el intendenteplatense, Julio Alak. Con las banderas a media asta en toda La Plata, los restos de los oficiales fueron llevados al cementerio local, pero sólo se depositó en el panteón policial el féretro de Vatalaro, ya que los familiares de Torres Barbosa aguardaban anoche la autorización para cremar su cuerpo.
En Mendoza, mientras tanto, la Policía fue puesta en alerta después que un informe de la SIDE avisó a Julio Cobos que en su provincia podría ocurrir un atentado similar al de La Plata.
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