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Solá se dedicó ayer a esa tarea. Por la tarde se reunió otra vez con Ruckauf, habló con intendentes y legisladores, y deslizó algunas ofertas ministeriales.
Aunque se tomará «unos días» para rearmar el gabinete, tuvo que actuar ante la decisión masiva de los ministros de poner las renuncia a su disposición.
Y lo aguijoneó la urgencia de llenar las vacantes dejadas por Aníbal Fernández en Trabajo, Raúl Othacehé en Gobierno y Esteban Caselli en la Secretaría General.
Fernández se mudó a la secretaría general de la Presidencia; Othacehé renunció por su vieja riña con Solá y Caselli iría con Ruckauf a Cancillería. Sonaban nombres como futuros reemplazos: el intendente de La Matanza, Alberto Balestrini, el de Malvinas Jesús Cariglino o Federico Scarabino a Gobierno; y Cariglino o el jefe de Moreno, Mariano West como secretario general, aunque se lo mencionó también para ir al área social.
Para la áspera cartera de Trabajo --Fernández hizo una tarea ciclópea-reinaban las dudas: un gremialista (¿Carlos Quintana de UPCN?) o, interinamente, José Rampoldi, hoy viceministro.
Sin certezas, varias fuentes confiaron que Jorge Sarghini de Economía, Mario Oporto de Educación y Julián Domínguez de Obras Públicas seguirían en sus puestos.
Las versiones sobre permanencias se ampliaban a Alberto Descalzo en Seguridad, Federico Scarabino en Producción -u otro sillón-y Antonio Arcuri en Justicia.
Menos suerte tendrían Juan José Mussi, de Salud, y Haroldo Lebed, de Agricultura. Las horas de ambos estarían contadas y sucesores en puerta: Ginés González García y Félix Sirio, respectivamente.
Sin embargo, como la danza de nombres fue feroz, Solá mandó un mensaje por los medios: «El gabinete lo armo yo» se enojó ante la abundancia de versiones.
Hay ratificaciones negociadas. El martes, Ruckauf medió para que Domínguez, el «primer ruckaufista», preserve su sillón al menos por un tiempo.
En principio, Solá accedió porque simpatiza con Domínguez. No hubiera aceptado, si los involucrados eran Othacehé o Caselli ante quienes siempre destiló acidez.
Otras por necesidad. «No puede nombrar un ministro de Economía en este incendio», dijo una fuente. «Sarghini anda bien con Remes (ministro nacional) y eso es una ventaja», agregó otra.
Más difícil será cumplir con otros pedidos. Ruckauf quiere que su sucesor no lo crucifique y reclama el tratamiento que él tuvo con Duhalde: silencio sobre los excesos.
Como contrapartida se ofreció para mediar frente a Duhalde ante eventuales conflictos Nación-Buenos Aires, sobre todo en materia de envío de fondos.




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