3 de julio 2002 - 00:00

Solá moderó ayer discurso antipolicía de Cafiero (h)

Felipe Solá puso límites ayer a la tendencia «antipolicía» de Juan Pablo Cafiero. Lo hizo en el acto de asunción del flamante ministro de Seguridad y ante la plana mayor de la Policía Bonaerense. «No habrá caza de brujas en la institución policial» dijo el gobernador refutando a Cafiero (h) que, apenas designado, amenazó con hacer purgas en la Bonaerense y revisar el legajo de cada uno de los efectivos.

Por eso, Cafiero -con quien reapareció en la jura junto a una corte frentista: Rodolfo Rodil, Darío Alessandro, Diana Conti-bajó el tono. Habló de recuperar la «paz social» y se autoproclamó garante del «nunca más» en Buenos Aires.

No fue ingenuo Solá en la elección del marco y el auditorio: condicionó al nuevo ministro el día de su asunción y ante los cuarenta máximos jefes policiales que, desde ayer, están bajo el mando de Cafiero.

Al punto que le arrebató al frentista un rótulo que éste llevaba orgulloso: el de «ministro piquetero», por su reunión con amotinados de Salta el año pasado. «Es falso que elegí a Cafiero porque tiene relación con los piqueteros».

Pero el gobernador fue impiadoso con los policías involucrados en los incidentes del miércoles en Puente Pueyrredón donde murieron dos piqueteros del movimiento Aníbal Verón.

«Hace seis días vivimos consternados»
dijo el gobernador y manifestó sentir «vergüenza e indignación» por lo ocurrido en Avellaneda donde «triunfó el matonismo asesino, triunfó la creencia de que podía haber impunidad.»

Pero enseguida, apoyó a la Policía: pidió ser coherentes con «esos hombres» que «han perdido veintiséis vidas» en los últimos meses y tienen que «enfrentar cotidianamente una realidad terrible».

Y reivindicó la actuación de la fuerza frente a los piquetes.
«Esos hombres» intervinieron «en miles de cortes de ruta» y lo hicieron «exitosamente» porque, hasta el miércoles, no se habían producido víctimas civiles ni policiales.

• Desafío

De todos modos, no logró Solá amortiguar el malestar que generó en la Policía la designación de Cafiero (h) como ministro. Y muchos no ocultaron su disgusto. Ayer, en el acto, la «tercera línea» de la Bonaerense, cuya cara visible es el comisario de Quilmes, Julio César Frutos (autor de una dura carta contra Duhalde) desafió con su silencio -sin aplausos-al flamante ministro.

Frutos
fue más lejos: dijo que es «riesgoso» nombrar en la fuerza a un hombre no respetado por los uniformados porque, a raíz de eso, pueden surgir «liderazgos» que harían inmanejable a la Policía.

Anoche
Solá no había nombrado -armó al gabinete urgente por el anticipo electoral-al Jefe de la Bonaerense. Sonaban Frutos, el comisario general José Omar Quinteros, y los comisarios Roberto Savasta, Esteban Lamardo y Andrés Onorato.

Por su parte,
Cafiero repasaba el organigrama para definir su equipo. Había un número puesto: Marcelo Sain, un abogado, especialista en Seguridad, que trabajó en la investigación del narcotráfico y últimamente se dedicada a pesquisar delitos económicos.

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