2 de septiembre 2003 - 00:00

Sus mayores incoherencias

Pudo no saberlo antes, pero no se entiende, salvo por la tozudez de no admitir un error, que proponga para la Corte Suprema a Eugenio Zaffaroni cuando se conoce ahora que este ex camarista justificó en un libro junto a Ricardo Cavallero la exterminación del adversario por parte de las Fuerzas Armadas y la exclusión de los homosexuales, con cuya bandera luego terminó fotografiándose. No se entiende que proponga a un ideólogo que justificó los desaparecidos y, a la vez, pretenda revisar el pasado y juzgar a militares, haciendo «anular» leyes y violar el derecho universal de cosa juzgada precisamente por esos mismos desaparecidos.

• Haber pedido públicamente por la cadena nacional de radiodifusión el desplazamiento de un miembro de la Corte Suprema (Julio Nazareno) e imponer su enjuiciamiento a otro poder, como es el Legislativo.

Haber criticado el lenguaje de un miembro de la Corte, Julio Nazareno, y respondido como Presidente «me importa un comino» cuando se lo interrogó sobre el riesgo de perder imagen que corría jugándose por algún candidato en elecciones de distrito.

• Decirle a George W. Bush «no soy comunista sino peronista» y jamás haber invocado en 100 días el nombre de Juan Perón ni el de Eva Duarte (de ésta aceptó estar bajo un cuadro ya como presidente. En la campaña sobrellevó los retratos ambos, pero no los mencionaba). Cumple así lo que leyó en un libro de Bonasso, que expresó «vendrá un presidente para llevar al peronismo a la izquierda», quejándose por el desplazamiento de Héctor J. Cámpora en 1973 para que asumiera con 62% de los votos quien el pueblo verdaderamente quería, el general Juan Perón. Tras ser echados de la plaza, los Montoneros decidieron -y su simple redactor de actas Bonasso tomó nota- nunca más mencionar a Perón, pero sí a Evita. Esto crea desconfianza en el «proyecto» de país que se menciona en el gobierno y que nadie conoce o calcula con alarma cual puede ser (¿Chávez? ¿Castro?).

No fue correcto premiar con una embajada (en Colombia) a un general (R) como Martín Balza, sin otro mérito que haberse hecho odiar por los uniformados. Exageró el ataque a las FF.AA.

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