29 de marzo 2005 - 00:00

¿También Lavagna deberá suspender viajes por castigos de Kirchner?

Roberto Lavagna
Roberto Lavagna
Néstor Kirchner, en los últimos días, impidió el viaje al exterior de dos funcionarios. Como le disgustaron las expresiones de Rafael Bielsa ante el Senado, como represalia -dicen- le suspendió una visita ya programada a Marruecos. A su cercano colaborador en Transporte, Ricardo Jaime, también lo sacó de un itinerario a China, aunque el periplo -además de agendado- representaba una compleja guía con reparticiones varias para suscribir acuerdos. En el caso de Jaime, lo bajó del avión con una excusa más plausible: lo requería por si se inflamaba el conflicto con el gremio aeronáutico ante la liquidación de LAFSA. ¿Cuál será entonces la reacción con Roberto Lavagna que se opone y junta firmas (como la de Eduardo Duhalde) para impedir una recomposición salarial apoyada por el Presidente, surgida de un entendimiento entre el Estado, la CGT y la Unión Industrial? Imposible prever la descarga del mandatario cuando en la perspectiva del ministro de Economía no hay ningun viaje previsto.

Bielsa protagonizó, de nuevo, una tropelía diplomática: lo obligaron a eludir entrevistas comprometidas con el rey de Marruecos y la cumbre preparatoria de países árabes y Mercosur, además de un fin de semana en La Mamounia (uno de los mejores hoteles del mundo con un tentador spa oriental del que seguramente no se privó Duhalde). Pagó por haber reconocido ante los senadores que el gobierno no actuó bien en el caso de Southern Winds, admitió que Kirchner se equivocaba al no recibir a los embajadores extranjeros, reveló que había una cláusula secreta en el convenio con China y se internó con poca felicidad para el Presidente en el pleito de la Iglesia con el gobierno. Si uno lo resume de ese modo, parece la opinión de un opositor; aún así, resulta poco justificable -si es cierto-anular citas internacionales sin justificativos serios. Hasta se puede pensar que, en orden a los castigos, el envío futuro de Bielsa a competir por la Capital será una forma del jefe de Estado para sacárselo de encima porque no lo soporta en su equipo (una forma de decir, claro, ya que ni siquiera se frecuentan), más que un recurso electoral porque es el único kirchnerista con cierto rating en las encuestas capitalinas.

Más pasto para las fieras de ese pensamiento: si inclusive el mandatario se enojó con su Canciller cuando éste lo defendió con su firma en un artículo que publicó en la revista «Noticias».

Con Jaime otro es el cuadro, aunque las derivaciones diplomáticas son iguales. Quitarles nivel a compromisos ya asumidos con China (nuevos préstamos, financiaciones para limpieza de ríos, convenios aeroespaciales, de comunicaciones y acuerdos ferroviarios, entre otros) no parece el mejor medio para mejorar relaciones con la potencia (la segunda económica del mundo) que le iba a quitar al país el peso de la deuda externa y que iba a convertir a Kirchner, ipso facto, en un cuadro de la galería histórica comparable a San Martín. Tampoco, se supone, que esa actitud sea una represalia a un gobierno que repite por todas partes que ninguna de sus empresas todavía se ha instalado en el país y que, en Brasilia ( durante la visita del presidente Hu Jintao), no aceptó sugerencias de un enviado oficial para que al menos se ofreciera una cobertura digna a los anuncios malogrados de un Plan Marshall con ojos oblicuos. El secretario Jaime, al revés de Bielsa, integra la lista de los preferidos de la Casa Rosada, pero el bloqueo de su viaje -por más atención a problemas locales del sindicalismo y de intereses aéreos que éste pueda brindarsupone otra falta de seriedad en política exterior.

• Voz de protesta

Lavagna, interlocutor habitual con Bielsa por el padecimiento de las mismas angustias, ahora se ha puesto el casco. No espera reprimendas personales (hasta ahora, la mayor afrenta fue que Kirchner no lo saludara en ciertas reuniones), pero imagina andanadas que no pasan por la suspensión de posibles viajes personales. Se pregunta por una serie de notas, casi una campaña, que repentinamente el monopolio «Clarín» le lanzó en las últimas 72 horas, complicándolo en historias ya conocidas y poco esclarecidas, como las operaciones de su ex consultora (Ecolatina) y la performance de sus hombres en el tema de la Cuota Hilton (con juicios penales en marcha). Justo cuando él se plantó por el acuerdo de concertación social -en rigor, un aumento de salarios tomando en cuenta la evolución del índice de precios- que armaban los industriales de la UIA y los gremialistas de la CGT bajo el paraguas del Ministerio de Trabajo. Lo que dijo enardece a Kirchner, quien desea cumplir su mandato como el autor de la mejor distribución del ingreso en los últimos tiempos. Entendible entonces que Lavagna sospechara que su voz de protesta anticorporativa no alcanzaba y desde el exterior vino el auxilio de Duhalde, quien cambió su retórica peronista y aconsejó que la suba de sueldos debía ser por productividad. Repentino giro o el hombre aprende de sus viajes (¿no se los suspenderá Kirchner?) como embajador en el Mercosur. O, lo más probable, la línea de su celular siempre está encendida con Economía.

• Reservas

Este es el punto que más alerta al Presidente, sobre todo cuando no sabe aún hacia qué puerto enfilará su proyecto antiduhaldista en la provincia de Buenos Aires (con su esposa Cristina impuesta como candidata). Más bien piensa que ha sometido a quien le cedió el gobierno en las últimas elecciones, pero todavía está cargado de reservas con los movimientos paquidérmicos que él imagina posibles en Duhalde. Y como Lavagna es la pieza más leal que le queda en el gobierno a quien deambula por el Mercosur, además de recoger el ministro adhesiones favorables en la población tan o más fuertes que Kirchner, cualquier mínima rebelión a éste se le antoja como un estallido revolucionario. Más cuando se vive con cierta inestabilidad y en momentos que se dirimen cuotas de poder, actuales y futuras. Y, como se sabe, la pugna por ese tema a Kirchner le generó una frase de índole casi de Maquiavelo: «Con el poder, no se jode».

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