2 de enero 2002 - 00:00

Texto completo del discurso ante la Asamblea Legislativa

Eduardo Duhalde se comprometió anoche ante la Asamblea Legislativa a «terminar con un modelo agotado, cuya propia esencia terminó con la convertibilidad», y criticó duramente a los bancos por el «corralito» financiero. Prometió que devolverá los depósitos en dólares y en pesos, según la moneda comprometida y, contrario a lo declamado por su precario antecesor Adolfo Rodríguez Saá, no negó el pago de la deuda externa, sino que habló de «suspensión transitoria» para pagar los servicios de ésta.

El nuevo presidente propuso un modelo de crecimiento de la economía para lo que pidió la cooperación internacional y habló de realizar grandes esfuerzos y sacrificios porque «la Argentina tiene futuro». Duhalde, que renunció a postularse en 2003 para un nuevo período, dijo entre, otras cosas, lo siguiente:

He sido designado por esta Asamblea Legislativa para ocupar la Presidencia de la Nación hasta el 10 de diciembre de 2003.

Asumo con el firme propósito de cumplir con la palabra empeñada en estas circunstancias que llaman a la entrega y al sacrificio de todos los argentinos.

Considero que esta responsabilidad, en el ejercicio de un gobierno de transición, es incompatible con la pretensión de competir por una candidatura presidencial en el año 2003.

Por lo tanto, me comprometo a realizar un gran esfuerzo personal para resolver la crisis y poder transferir la banda presidencial a otro ciudadano electo por la voluntad del pueblo argentino dentro de dos años.

Hace pocos días respondimos al urgente llamado a la responsabilidad formulado a la dirigencia política por la Conferencia Episcopal Argentina. La Iglesia prestó el ámbito de Cáritas, donde con el concurso y asistencia del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, comenzamos a transitar un proceso de diálogo nacional capaz de cambiar la dirección que llevó al país a este angustioso presente.

Desde mañana, sin delegar la responsabilidad en la recuperación de la paz social, estaremos trabajando junto con las fuerzas políticas, empresariales, laborales y organizaciones no gubernamentales en la elaboración de un programa de salvación nacional.

Participar de ese abierto proceso de diálogo nacional es afirmar que queremos mirar de frente a cada argentina y argentino, y decirles que conocemos sus angustias y desesperanzas y que estamos dispuestos a salvar solidariamente la Nación y recuperar la dignidad de cada miembro de la comunidad.

No son horas de festejos las que corren.

Sin embargo, son horas de esperanza porque estamos asistiendo a una experiencia inédita en nuestra vida política: la formación de un gobierno de unidad nacional, construido por sobre las banderías políticas y los intereses partidarios que constituye un preciado reclamo de nuestro pueblo.

Mi designación es el fruto de la voluntad de los representantes del pueblo. De allí emana mi legalidad.

Pero yo aspiro a que este gobierno se constituya progresivamente, en el fiel intérprete de los anhelos de las grandes mayorías nacionales.

Hemos tenido una profunda incapacidad moral y política para cambiar un modelo de exclusión social progresivamente instaurado en las últimas décadas.

Mi compromiso a partir de hoy es terminar con un modelo agotado, que ha sumido en la desesperación a la enorme mayoría de nuestro pueblo, para sentar las bases de un nuevo modelo capaz de recuperar la producción, el trabajo de los argentinos, el mercado interno y promover una distribución más justa de la riqueza.

Necesitamos la comprensión y la cooperación internacional. Hemos tenido que suspender transitoriamente el pago de los servicios de nuestra deuda pública simplemente porque no estamos en condiciones de hacerlo en estas circunstancias críticas que han generado una fuerte eclosión social. La única manera de hacer frente a nuestros compromisos es mediante el crecimiento de nuestra economía que derive en un auténtico desarrollo humano.

Conozco la profundidad de nuestro país federal, ese país profundo que suele escapar a la mirada de los ojos cotidianos.

Mi compromiso es respetar a nuestras provincias, garantizar los pactos suscriptos y diseñar en conjunto un proyecto nacional que incluya a todos los argentinos sin excepción.

Nosotros sabemos del dolor y de la miseria que agobia a millones de argentinos del país federal.

Es una Argentina de trabajo, una Argentina que se quiebra en la espalda de los cañeros tucumanos, de los algodoneros chaqueños, de los viñateros cuyanos.

Que se astilla en las manos de los hacheros, que se oculta en los socavones de las minas, que se quema al sol de la sequía, que se ahoga en la inundación.

Este es el país del que me hago cargo, el país real.

Asumo teniendo plena conciencia de estas condiciones y con la decisión de encontrar las grandes soluciones.

Por eso hoy no hay nada de qué congratularse.

No hay nada que celebrar o aplaudir...

No es momento de cánticos ni marchas partidarias.

Es la hora del Himno Nacional.

Queridos compatriotas: Quiero decirles que estamos en una situación límite.

No tenemos crédito externo ni crédito interno. Y están metidos en un «corralito» 65 mil millones de pesos y dólares que los bancos prestaron a las empresas, familias o al sector público. Existe, sin embargo, una denuncia en este Congreso acerca de la probable ilegalidad de la remisión de parte de esos fondos al exterior.

Hay que investigar seriamente esas sospechas porque se debe garantizar que quienes hayan robado el dinero de la gente y quienes no hayan controlado a los que robaban vayan presos.

A los afectados por el «corralito» les digo que el Estado no permitirá que sean rehenes o víctimas del sistema financiero. Quiero decirles que van a ser respetadas las monedas en que hicieron originariamente sus depósitos.

Es decir, el que depositó dólares recibirá dólares. El que depositó pesos recibirá pesos.
La crisis financiera del sector público no tiene precedentes. No tenemos un peso para afrontar las obligaciones de salarios, jubilaciones y medio aguinaldo del Estado nacional.

La excepcional caída de la actividad económica se traduce en una fuerte caída de la recaudación impositiva generando un círculo vicioso perverso que pone a nuestro país al borde de la desintegración y el caos. Solamente en el mes de diciembre la caída de recaudación respecto del ejercicio 2000 alcanzó a 33%, cifras que es estiman similares en muchas de nuestras provincias argentinas.

El déficit fiscal en el ejercicio 2001 alcanza a 9 mil millones de pesos.

La deuda flotante del sector público alcanza a 5 mil millones de pesos sin computar las deudas que tiene la Dirección General Impositiva (DGI) en concepto de reembolsos de impuestos.

Como consecuencia de la depresión económica, la caída de nuestro ingreso por habitante alcanzó 12%. También aumentó la desocupación superando todos los registros históricos del país, y el índice de pobreza llegó a 40% de la población, esto significa que 15 millones de nuestros hermanos viven debajo de la línea de pobreza.

Durante el ejercicio 2001 las reservas del BCRA cayeron 18.000 millones de dólares, y 24% de los depósitos del sistema financiero se fugaron como consecuencia de esta crisis de confianza.

No es momento de echar culpas. Es momento de decir la verdad: la Argentina está quebrada.

Este modelo, en su agonía, arrasó con todo.
La propia esencia de este modelo perverso terminó con la convertibilidad. Arrojó a la indigencia a dos millones de compatriotas; destruyó a la clase media; quebró nuestras industrias y pulverizó el trabajo de los argentinos.

Hoy la producción y el comercio están parados, la cadena de pagos está rota y no hay circulante que sea capaz de poner en marcha la economía.

Hay, por tanto, que sincerar esta situación. Hay que explicar seriamente a nuestro pueblo dónde hemos caído y qué debemos hacer para levantarnos.

Honorable Asamblea, Venimos a poner de pie y en paz a la Argentina.

La doctrina social de la Iglesia es nuestra guía y nuestro norte. Y sus principios humanistas y cristianos serán los pilares sobre los que se apoyen todas nuestras acciones de gobierno.
Esta gestión que hoy mismo comienza su tarea se propone alcanzar tres objetivos básicos:

1) Reconstruir la autoridad política e institucional.

2) Garantizar la paz social.

3) Sentar las bases para el cambio del modelo económico y social.

Reconstruir la autoridad política e institucional significa predicar con el ejemplo. Significa recuperar la Patria, sus instituciones y la fe del pueblo. Significa que debemos empezar por cambiar nosotros mismos ejecutando inmediatamente medidas de austeridad y sacrificio que el pueblo nos reclama y que debemos tomar acciones esenciales que permitan promover una nueva organización institucional en la Argentina, para recuperar esta

República arrasada por la corrupción y el desgobierno.

Garantizar la paz social significa no resignarnos a transitar el camino contradictorio de ser un país rico poblado de pobres. No es posible que 40 por ciento de nuestra población viva por debajo de la línea de pobreza. Esto significa que unos 15 millones de compatriotas no logran acceder a la canasta básica y que, según cifras oficiales, el último año 730.000 personas dejaron la clase media para convertirse en pobres por declinación de ingresos o pérdida de su empleo.

Pertenezco a un movimiento político que a través de Juan Domingo Perón y Eva Perón fundaron la justicia social en la Argentina y levantaron las banderas de independencia económica y soberanía política. Banderas que con el tiempo fueron asumidas por todas las fuerzas políticas de origen popular. Esas banderas han sido arriadas. Tenemos que preguntarnos si verdaderamente queremos vivir en un país soberano e independiente. Si la respuesta es sí, el camino es luchar juntos para desatar, uno a uno, los nudos de la dependencia.

A mis compatriotas les pido que cada uno desde su lugar participe y se entregue con pasión y fe en la recuperación de esta Argentina que todos amamos.

Por mi parte, le pido ayuda a Dios para asumir ante mi pueblo un solemne compromiso que desearía fuera tomado como una auténtica palabra de honor.

Quiero hacer de mi gobierno un espejo en el cual mirarse, y no un vidrio empañado por la sospecha, la insensibilidad o la cobardía.

Quiero energía para acometer la tarea.

Coraje para no temer a lo nuevo.

Severidad para juzgarme a mí mismo.

Perseverancia para no abandonar la lucha.

Y firmeza para jamás traicionar los principios.

Venimos a poner de pie y en paz a la Argentina.

La Argentina tiene futuro. Por eso hoy tenemos que ser más argentinos que nunca. No lo duden, la Argentina tiene futuro.

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