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Al margen de ese detalle menor, lo que imperaba en el criterio de Duhalde es la necesidad de imponer a un hombre de su distrito no sólo en la fórmula de Menem sino también, obviamente, otro en el binomio oficialista. De ahí que ayer resultara algo sorprendente el secretario general de la Casa Rosada, el oncólogo José Pampuro, al anticipar por radio que Roberto Lavagna podría ser el compañero de Néstor Kirchner (idea que, por el momento, el propio ministro descartó). Inclusive, la mayor expectativa ayer por la tarde, cuando Lavagna hizo una conferencia con enviados del Banco Mundial, era sobre su futura decisión política y no sobre los planes o créditos que el organismo internacional podría derivarle al país.
Lo que más sorprendió de Pampuro, al margen de este tropiezo que luego aclaró por instrucción presidencial, fue otro comentario político. Es que le preguntaron casi insólitamente, como si hubiera estado condicionado, frente a la alternativa de un ballottage entre Carlos Menem y Elisa Carrió, cuál era la opción que él prefería, respondió terminante: «Yo voto a la Carrió». Un mensaje de fractura, la opinión de su propio jefe, ya que a él no se le puede imputar este juicio. Hombre de principios, siempre convenció a Duhalde de que se acercara a Domingo Cavallo, tanto que terminó siendo un correveidile -entre otras misiones crematísticas y espiritualesentre el ex ministro de Economía y el líder bonaerense. Esa cercanía a Cavallo era, naturalmente, por la inclinación de Pampuro hacia el centro derecha, al pensamiento liberal, del cual Cavallo era buen intérprete. Lo que suponía, claro, su enfrentamiento con posiciones de izquierda como las que personifica Elisa Carrió. A menos que Pampuro vaya en lo ideológico como le sucede con la depresión y la euforia, no habló por sí mismo sino por boca de otro.
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