Raúl Alfonsín volvió a pedir ayer la renuncia de Domingo Cavallo y el cambio de política económica del gobierno de su propio partido, que encabeza Fernando de la Rúa. Hoy lo hará delante del Presidente, con quien se reunirá para entregar un documento en el que insiste en ese tipo de solicitud y que suscriben también algunos dirigentes del Frepaso. Alfonsín (representa a menos de uno de cada 10 ciudadanos bonaerenses según el resultado de las últimas elecciones) se reunió ayer con Leopoldo Moreau ( también representa a menos de uno de cada 10 ciudadanos bonaerenses), con Federico Storani (quien en su distrito, La Plata, no consiguió ubicar un solo concejal), Juan Manuel Casella, Angel Roig, Pascual Cappelleri y otros dirigentes de la UCR de la provincia para preparar un pronunciamiento que será llevado hoy a la mesa del Presidente.
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El encuentro se produjo en el Comité Provincia y sirvió para que los adversarios internos de De la Rúa cargaran las tintas contra Cavallo y exigieran un cambio de gabinete en el cual se dieran mayores porciones de poder a dirigentes del partido. Alfonsín y sus contertulios -entre los que el más duro fue Moreau- tuvieron en cuenta un par de factores para su pronunciamiento. El primero de ellos es el viaje de Cavallo a los Estados Unidos: «Va a volver sin dinero y con un nuevo fracaso, sin que siquiera se entienda por qué se fue en secreto», se especuló delante de Alfonsín. Además se tuvieron en cuenta las dificultades que aparecieron en el acuerdo con los gobernadores peronistas y también en la negociación del canje de deuda con los bancos.
Sin embargo, el factor que le sirve de excusa a Alfonsín para embestir de nuevo contra Cavallo es la doble presión del PJ y el Frepaso sobre el gobierno. Cada vez más habituado a hablar con sindicalistas (hubo un encuentro clave con uno de ellos, el fin de semana, en Pilar), el jefe radical teme que se lance una ofensiva contra el gobierno con paros y presiones incesantes hasta que no se produzca el alejamiento del ministro. Además, Alfonsín está empeñado en preservar los restos de una Alianza por cuya destrucción él no culpa a la superficialidad de su constitución sino a la gestión de gobierno de De la Rúa. Por eso en el documento que redactó ayer y que se publica aparte todos destacaban la firma de Darío Alessandro, el jefe parlamentario del Frepaso (o por lo menos de lo que queda del bloque).
Como sucede siempre con Alfonsín, hoy se presentará a De la Rúa buscando que le agradezcan los esfuerzos que hace para retener al partido a su lado. Exhibirá matices: por ejemplo, el documento no dice que si no se cambia la política económica el partido radical abandonará el gobierno. Sostiene, en cambio, que si se cambia la política económica la Alianza seguirá apoyando al gobierno. El Presidente intentará explicarle lo que viene repitiendo ante planteos similares: «Nadie me trae una alternativa; no puedo cambiar a Cavallo en medio del río; a Cavallo lo pusieron quienes forzaron para que se fuera Ricardo López Murphy».
Tampoco Alfonsín las tiene todas consigo: es difícil que consiga que los radicales dejen en masa los cargos que ocupan en el gobierno. Con una política económica que detesta, ni él consiguió que Victorio Bisciotti renuncie a una dirección del Banco Nación, como tampoco Storani logró la renuncia de su hermana al Consejo de la Mujer o Moreau la de su gente a la conducción de la ANSeS. Si hasta el embajador en Uruguay, Juan Manuel Casella, cometió ayer la gaffe de criticar al gobierno en una reunión partidaria y representar al mismo gobierno en la comida que le sirvió anoche De la Rúa al presidente Jorge Batlle, en Olivos.
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