Duhalde marchó ayer hacia Madrid, donde participará de una reunión entre la Unión Europea y países de Latinoamérica. Muchas señales anticipaban anoche que el cumplimiento de esa demanda internacional será insuficiente para aliviar la aridez de esta cumbre para el gobierno argentino. Los representantes de los países europeos exigirán a Duhalde, una vez más, que acuerde cuanto antes con el Fondo Monetario Internacional. Será casi un ultimátum. Pero que la asamblea se realice en España no será, como en otros tiempos, una ventaja. Las empresas de ese país enviaron a sus matrices -y desde ellas al gobierno- informes negativos. El Presidente y Roberto Lavagna se encontrarán con las 9 mayores, en un intento por mejorar la relación, tan dañada en Buenos Aires. Al ministro de Economía le tocarán otros rounds lunes y martes, en los EE.UU.: allí, además de entrevistarse con funcionarios del Fondo y del Tesoro, tendrá una reunión importante con banqueros. Les pedirá auxilio para financiar el BONEX y, por primera vez con alguna precisión, les hablará del plan de pagos de la deuda que, razonablemente, puede ofrecer la Argentina.
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Cuando aterrice hoy en Barajas, volverán las tribulaciones. Estar en Madrid será, de algún modo, concurrir a la capital del imperio, por lo que Duhalde se encontrará con los mismos problemas que en Buenos Aires, sólo que deberá enfocarlos con más humildad por la claridad con que quedará expuesto que sobre muchos de ellos deciden otros. Allí, además de enfrentar a funcionarios y empresarios de España, se entrevistará con los jefes de Estado y de Gobierno de los demás países de la Unión Europea, quienes se manifestarán, casi a modo de ultimátum, para que la Argentina acuerde con el Fondo Monetario Internacional de una vez por todas. El estado de ánimo con Duhalde no es bueno en el grupo y está influido no sólo por las embajadas sino también por las empresas con filiales locales, que casi por unanimidad han enviado informes negativos a sus gobiernos respecto de la orientación del duhaldismo.
Desde el punto de vista político, lo más importante de la visita será el encuentro privado con José María Aznar, que no forma parte de la agenda oficial de la visita. Duhalde y el primer ministro español no se llevan todo lo bien que sería de desear. Tuvieron un entredicho -respetuoso, naturalmente- cuando se vieron por última vez en Monterrey.
Allí Aznar le recomendó: «Tienes que ir cuanto antes al acuerdo con el Fondo, no puedes esperar más».
El Presidente lo contradijo: «No es tan sencillo porque la situación social de mi país es muy delicada. Tampoco es cierto que ése sea el único camino, podemos ensayar algún otro tipo de salida».
Aznar se fastidió: «Tu argumento no vale. Nosotros no tuvimos un problema social. Tuvimos una guerra civil con un millón de muertos. Y recién comenzamos a levantar cabeza cuando (Francisco) Franco decide permitir el establecimiento de bases de los Estados Unidos y volvemos a vincularnos al mundo. En 1965, ya todo funcionaba a pleno gracias también al turismo. Nos llevó 25 años, es cierto».
Públicamente no se notarán estas rispideces, pero hasta los funcionarios argentinos que viajaban anoche con Duhalde preveían que la entrevista reservada con Aznar será árida. Como el resto de los jefes de Estado asistentes a la cumbre, a Duhalde se le aconsejará, dramáticamente, que acuerde de una vez por todas con el Fondo. Ya se lo dijeron en su momento a Jorge Remes Lenicov, en Washington, cuando Paul Martin, el ministro de Economía de Canadá y presidente pro tempore del equipo de economistas del G-7, transmitió: «Estuvimos reunidos esta mañana y resolvimos que, si no se entienden con el Fondo, les soltaremos la mano y será durísimo para ustedes». En esos países, algunos de los cuales participarán en la reunión de Madrid como integrantes de la Unión Europea, todavía se espera una respuesta.
Entre aquella reunión de Duhalde y Aznar en Monterrey hasta el encuentro que tendrán en esta oportunidad, el Presidente se desprendió de un ministro que ya se había hecho conocer por la comunidad internacional (Remes Lenicov), amagó con romper con el Fondo, avanzaron las causas judiciales sobre algunos banqueros españoles como Ana Botín (BSCH), se siguieron lanzando dardos contra el sector petrolero (en el cual domina Repsol YPF) y no se avanzó un solo paso en dirección a que las empresas de servicios públicos -muchas de ellas, de origen español- puedan acordar una ecuación económica viable después de la devaluación.
Acaso ése no sea el mejor clima para las pretensiones del propio Duhalde y de su ministro Lavagna. Ellos aspiran a que este viaje sirva para flexibilizar la postura de los bancos y de las compañías de servicios públicos: está prevista una reunión con las nueve empresas españolas con más exposición en la Argentina (Telefónica, Endesa, Repsol, BBVA-Banco Francés, BSCHBanco Río, Marsans, Dragados y Construcciones, NH, Autopistas del Oeste) que organizaba ayer, contrarreloj, la embajada argentina (el embajador, Abel Parentini Posse, acaba de llegar a Madrid y actuaba anoche sin tener presentadas sus cartas credenciales). En una ronda de segundo nivel, Duhalde atenderá a otras empresas arraigadas en el país como Inocsa (tan arraigada que tuvo fuertes vínculos con su gobierno: uno de sus socios ocupó un alto cargo en la administración actual).
La crisis, ciertas inconsecuencias del gobierno argentino y la ansiedad de Aznar por el costo que esta peripecia de ultramar representa para su economía irritaron una relación entre los dos gobernantes que tuvo tiempos rozagantes. En los '90, gracias a los oficios de un empresario de la publicidad, Duhalde acostumbró a jugar al paddle con el premier español, quien, además, tiene como instructor en esa disciplina a un argentino, Juan Carlos Dezeo, platense que desarrolló una carrera internacional en Europa.
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