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Un repaso inicial a las versiones que rodaban ayer por el PJ acerca de la identidad de los nuevos ministros hacía presumir que el nuevo gobierno se presentará como el resultado de un pacto entre partidos o, mejor dicho, entre líneas internas afines de distintos partidos. En otras palabras, se trataría de un gabinete poco abierto a otras formas de representación social que no sean las del PJ y el radicalismo clásicos.
Duhalde debió avanzar y retroceder en el armado de su staff según el grado de tolerancia o resistencia que fue encontrando en el peronismo, donde por lo menos cinco provincias (Santa Fe, Santa Cruz, San Luis, Salta y Córdoba) objetaron su postulación, al menos inicialmente.
A los gobernadores del PJ Duhalde les ofreció armar un gabinete en común, lentamente. Con esa premisa, le propuso a Ramón Puerta asumir como canciller, cumpliendo con la palabra empeñada en 1999, cuando le ofreció la misma posición si ganaba los comicios contra Fernando de la Rúa. Pero el misionero rechazó la invitación. El mismo cargo le fue ofrecido a Adalberto Rodríguez Giavarini, lo que resulta más insólito: difícilmente un presidente delega en alguien ajeno a su partido las relaciones exteriores. Giavarini desechó la posibilidad a pesar del consejo de De la Rúa, quien le aconsejó esperar un poco más para dar una respuesta. A partir de estas dos deserciones, para el Palacio San Martín aparecían autopostulaciones como la de Diego Guelar. Si fuera por Alfonsín, el cargo debería ocuparlo Eduardo Menem, una manera de atraer a Carlos Menem hacia el consenso político que intenta construirse en torno a Duhalde. Pero el presidente designado no se comunicó ayer con su adversario Menem en ningún momento, al menos hasta la media-noche.
Como en el caso de Giavarini, Duhalde buscó también a un radical para Justicia: le ofreció la cartera al constitucionalista Jorge Vanossi, quien anoche se inclinaba por aceptar después de una consulta con Alfonsín. El ex presidente evaluó con Antonio Berhongaray, Mario Brodersohn, Jesús Rodríguez, Darío Alessandro y Rodolfo Rodil, durante el almuerzo, la conveniencia de involucrar al partido en el gobierno, al menos en la primera línea. Alfonsín -confesó allí- prefiere que la Alianza (lo que quedó de ella) no se involucre directamente con la gestión de Duhalde. La misma recomendación hicieron llegar Raúl Alconada Sempé y Juan Manuel Casella. Aun así, anoche se daba casi por seguro que Juan Pablo Cafiero sería el ministro de Acción Social de la nueva gestión. Es comprensible, ya que Cafiero, como Carlos Chacho Alvarez, venía promoviendo una alianza con el duhaldismo, como quedó de manifiesto en el almuerzo que los tres mantuvieron, junto con Néstor Kirchner, hace un par de semanas en el club San Juan.
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