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La afirmación de la senadora está llena de matices y también de errores. No habría que detenerse en el lapsus de hablar de «fronteras adentro» del FMI, al que acaso identificó como uno de los países poderosos que lo integran o, tal vez, con aquel que le da alojo, los Estados Unidos. Importa más la concepción que subyace a esa afirmación. Acaso llevada por su condición de abogada o de presidenta de la Comisión de Asuntos Constitucionales del Senado, la esposa del Presidente parece interpretar el mundo como un espacio homogéneo, en el que conviven sujetos jurídicos que, en calidad de tales, merecen un tratamiento equivalente por el principio de igualdad ante la ley. El que presta dinero por su solvencia (Estados Unidos, Japón, Francia, etc. vía el Fondo) está en igualdad con el que lo pide por ineficiente para administrarse.
Suponer que la Argentina puede igualar la autonomía internacional de Estados Unidos o de cualquier otro miembro del Grupo de los Siete implica desconocer datos de la historia y del funcionamiento del mundo. En el Fondo Monetario Internacional esta evidencia se puede cuantificar. Fue creado en el marco del Tratado de Bretton Woods de julio de 1944, junto con el Banco Mundial (más tarde se instituiría, con menor organicidad, el Tratado General de Tarifas y Comercio, GATT) y fue la expresión de un orden internacional de la segunda posguerra en el que Estados Unidos ocupaba el lugar de principal potencia. No más «colonizar» sino invadir con multinacionales a las naciones más pobres pero facilitarles crédito por si «entran en problemas de balanza de pagos», dado que así recuperan los inversores externos. Luego se amplió pero ése fue el sentido original del FMI.
Pero el liderazgo de EE.UU. no se debe sólo al contexto en el que fue creada la institución sino a su peso dentro de ella. Estados Unidos aporta y ejerce 17,46% del control del Fondo, gravitación que deriva de eso de ser su principal aportante. En el ranking le siguen Japón con 6,26%, Alemania con 6,11%, el Reino Unido y Francia con 5,05% -cada uno- e Italia con 3,32%. Interesa la enumeración porque revela que la Argentina mantiene un conflicto con quienes mayor peso poseen en ese organismo internacional.
La Argentina, en cambio, participa en 0,99% en el manejo del Fondo.
Para tener una idea de su gravitación como país (aunque abra una herida en el tradicional narcisismo del que se acusa siempre a los argentinos), equivale a Indonesia, que representa 0,98% del Fondo. Brasil, siguiendo la comparación, equivale a 1,43% de la institución. Estas diferencias llevan a pensar que hay países que pueden tener respecto de los organismos internacionales más autonomía que otros, sencillamente porque los manejan.
¿Es censurable esa situación? Depende de los valores de quien la mire. A nadie -como en cualquier banco- lo obligan a pedir. Pero si pide, debe cumplir. La primera ayuda del Fondo a la Argentina data de 1950. Juan Perón mandó a su secretario de Hacienda, Ramón Cereijo, a pedir aportes porque en 4 años el peronismo remató casi todas las cuantiosas reservas que dejó la Segunda Guerra Mundial.
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