25 de enero 2005 - 00:00

Un tema urticante

Está en la boca de los diálogos políticos que se escuchan en estos días, pero desde hoy adquiere más virulencia. Los diálogos dicen que habría motivos «extra» en el cambio del cuerpo de inspectores municipales de la Ciudad de Buenos Aires que dispuso en 2003 el jefe de Gobierno, Aníbal Ibarra. La tragedia del local bailable República de Cromañón, el 30 de diciembre, con 191 muertos, transformó en crítica la situación de los «nuevos inspectores» a los que se menciona como designados con fines políticos por Vilma Ibarra, hermana de Aníbal.

Un lector de «La Nación» publicó una carta donde hace referencia a que el cuerpo de inspectores encargados de controlar la seguridad actuaba como «una caja de recaudación de financiamiento político-sindical». ¿El anterior grupo o el nuevo? El lector insinúa a Amadeo Genta, que desde hace 35 años domina este sindicato como secretario general. También lo insinuó un periodista de «Clarín». Pero ayer salió el sindicato de municipales porteños (SUTECBA) en solicitada a decir que «los encargados de designar el personal que trabaja en el Gobierno de la Ciudad son los funcionarios. Los planes de control no los diseña el gremio sino las autoridades del Ejecutivo».

De que existen coimas en este municipio, como en tantas partes del Estado, no se duda, pero ¿son casos individuales o también responden a una «nueva caja descubierta» como la del duhaldismo bonaerense, la que se citó entre policías y políticos también en la provincia?

La «solicitada» del sindicato dice algo que este diario marcó como base para evitar tragedias como las de Cromañón. Los sindicalistas precisamente dicen, suponiéndose que lo sienten: «Desde hace muchos años este sindicato viene bregando para que se diseñe o implemente una política de personal en todos los niveles que abarque desde el ingreso a la carrera administrativa por concursos, pasando por los sistemas de formación y promoción, hasta el egreso del trabajador».

La municipalidad de Buenos Aires ha sido especialmente un convocante de «ñoquis», un aguantadero de «punteros» de los políticos actuantes en la Legislatura porteña y en la nacional, de «contratados» que luego pasan a «efectivos» aunque el político que los trajo cese su mandato. De 75.000 empleados municipales que había hace 30 años se ha llegado actualmente a 120.000. Hay 9 por manzana, que es una enormidad en una ciudad que cada año tiene menos habitantes al proliferar los countries bonaerenses.

Los Ibarra, Aníbal y Vilma, más allá de que se los acuse, cometieron el grave error de haber politizado también un cuerpo donde se vegeta y gana buena plata, siempre y cuando no pase nada. Cromañón fue la mayor tragedia de la Ciudad en su historia en un solo hecho y no cesará de mencionarse y de arrasar carreras políticas.

Dejá tu comentario

Te puede interesar