26 de enero 2005 - 00:00

Una curiosa política exterior

Interesante análisis del semanario "Edición i" sobre cómo entiende -o desentiende-Néstor Kirchner la política exterior, por qué se muestra duro con mandatarios de países con los que la Argentina debería andar bien, mientras acepta el destrato de Fidel Castro. Plantea, además, que Rafael Bielsa dejó estallar la crisis cubana por Hilda Molina para evitar que lo manden como candidato a Capital Federal, el rol y los deseos del vicecanciller, Jorge Taiana. A continuación lo más destacado del artículo:

Fidel Castro
Fidel Castro
La política exterior argentina se ha convertido en un apéndice de la política interna.

La revolución de la Tecnología de la Información está creando un nuevo entorno internacional, en el cual se acelera la tendencia hacia la globalización y el estado-nación es menos crucial como unidad básica del sistema internacional.

Pero Néstor Kirchner no sabe, o no desea conocer.

Los colaboradores de Néstor Kirchner se le parecen en su mediocridad. Roberto Lavagna ha quedado desnudo como un hombre de imprudencias innecesarias y conocimientos muy relativos del sistema financiero internacional, y el canje de deuda se lo está administrando Merrill Lynch, el banco mayorista al que él antes denostó.

El canciller Rafael Bielsa también ha quedado sometido a la impudicia de la verdad: igual que su Presidente intentó hacer política doméstica con las decisiones exteriores. Su posición en la crisis con Cuba, según cree Kirchner, fue elevar el perfil para permanecer en la Cancillería ya que ha comprendido que no hay beneficio alguno en liderar una lista de candidatos a diputados nacionales que, además, no tiene posibilidades de ganar.

Entonces, Bielsa modificó su propia óptica sobre Cuba, cuando el martes 14 de octubre, tras una visita a Cuba, declaró a una emisora de radio que había decidido no entrevistarse con los demócratas de la disidencia ni con los familiares de los presos políticos porque «las expresiones del presidente George Bush no dejaron el mejor panorama para hablar con Fidel Castro de manera distendida sobre la situación de los disidentes en Cuba».

Poco antes de su viaje a Cuba, el canciller Bielsa había declarado estar dispuesto a reunirse con los disidentes o con sus familiares si se lo solicitaban, cosa que éstos hicieron.

La ignorancia de Néstor Carlos Kirchner acerca de las bases de una política exterior resulta un beneficio inesperado para la oposición. La ignorancia de Kirchner es tal que ni siquiera puede percibir cuándo se equivoca o cuándo sufre una derrota.

Kirchner define su política exterior en función de los réditos domésticos que pueda brindarle cualquier acción u omisión, y esto ha provocado un año 2004 de aislamiento internacional creciente.

Por lo tanto, la inestabilidad del gobierno de Kirchner, ante la ausencia de una sólida oposición local, sólo puede provenir de su carencia de éxitos en el frente externo.

Resulta interesante que una administración que mantiene bajos los s a l a r i o s reales y que no logra controlar la tasa de desempleo ni la exclusión social de millones de argentinos, sólo sufre un acoso importante desde el exterior.

La política exterior tiene dos lenguajes: uno formal y otro entrelíneas. Confundir uno con otro es un error. No comprenderlo es una torpeza.

Pretender que cada decisión de política exterior resulte explícita sólo puede provocar incredulidad en los interlocutores, y luego un desinterés en cualquier forma de diálogo. Esto es lo que le ocurre a la Argentina de Néstor Kirchner.


Los gobiernos de Italia, Alemania, Reino Unido, Francia y Japón afirman que ni Kirchner ni Roberto Lavagna son confiables.

Si la Argentina no ha descendido aun más es porque USA todavía mantiene alguna comprensión hacia el país, no hacia sus autoridades.

Sin embargo, el gobierno argentino se complica a sí mismo día a día, para sorpresa de las autoridades de Washington DC que en Latinoamérica tienen cuatro interlocutores privilegiados: México, Colombia, Brasil y Chile. La Argentina no mantiene una buena relación con ninguno de los cuatro.

Varios de los colaboradoras más estrechos de Kirchner promueven el diálogo con Cuba, y el Presidente cree que un encontronazo con el gobierno de Fidel Castro beneficiaría a USA, lo que afectaría su imagen pública. Error tras error.

Kirchner cuestiona a Silvio Berlusconi, a Tony Blair y hasta a George Walker Bush pero cede a las presiones de Fidel Castro.

Los aliados transversales de Kirchner acusaban a Carlos Menem y a Guido Di Tella de ejecutar una diplomacia basada en las inadmisibles relaciones carnales con USA. Pero hoy el gobierno argentino ejecuta una diplomacia basada en las relaciones carnales con Cuba, sólo para no beneficiar a USA. Es inconsistente.

El gobierno de Kirchner viene de varios fracasos importantes en su política exterior porque obstaculizó la Unión Sudamericana, inmovilizó el Mercosur, no se entiende qué hizo con China, ignoró el deber de hospitalidad con los presidentes de Vietnam y Corea del Sur, le faltó el respeto al presidente de Rusia, se alejó de Chile, y termina diciembre en un debate doméstico ante la opinión pública internacional por Cuba.

Jorge Taiana anhela ser canciller. El afirma que tiene experiencia en la política exterior, no como Bielsa o Alberto Valdés, dos advenedizos.

Taiana fue el mayor adversario de Martín Redrado cuando el presidente del Banco Central era el secretario de Negociaciones Económicas Internacionales.

Para Taiana, Fidel Castro tiene sus tiempos que hay que respetar.

Bielsa no puede culpar a Valdés por las decisiones: se encontraban juntos mientras transcurría la etapa final de la crisis con Cuba. Si Bielsa es honesto consigo mismo y con su colaborador, debería renunciar.

Es lo que hizo Gustavo Béliz cuando el Presidente le exigió entregar a Norberto Quantín.

Béliz se marchó, haciéndole un daño considerable a Kirchner con su denuncia sobre la Secretaría de Inteligencia y el espía K, Jaime Stiusso.

Si Bielsa se aferra al cargo y pretende que, tal como le insiste el Presidente, aquí no ha pasado nada, perderá su dignidad, y eso en la política es muy grave.

El problema con Cuba ocultó el otro fracaso reciente de la política exterior argentina: la negociación para que España interceda ante el Fondo Monetario Internacional para lograr la pronta cancelación de pasivos argentinos con el organismo financiero multilateral.
Fue un fracaso porque España insistió en que, antes de avanzar en la propuesta ante el FMI, la Argentina debía salir del incumplimiento de pagos a los bonistas, o sea que el gobierno español pidió otra vez por los bonistas.

Luego, lo ocurrido con Cuba opacó cualquier desembarco posterior de Cristina Elizabeth Fernández de Kirchner y Alberto Fernández en USA.

Bielsa no quiere ser diputado nacional y prefiere la Cancillería.

Lo más complicado es que el canciller Bielsa ha quedado deteriorado ante la opinión pública local e internacional cuando debe presidir por un mes el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Bielsa creyó que la Argentina podría tener ante Fidel Castro la relevancia de José Luis Rodríguez Zapatero. Pero Rodríguez Zapatero intercedió, en nombre de España, para que empezara a cambiar (todavía no cambió) la política europea de aislamiento diplomático de La Habana, y la Argentina no es España.

Pero la Argentina no comprende el lenguaje diplomático que, aun en el caso de Cuba, respeta el estándar y los procedimientos.

No hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor ignorante que el que no desea aprender.

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