- ¿Laurito, el intendente de Uruguay? -repreguntó usando el modo local de hablar de Uruguay cuando se refieren a Concepción del Uruguay.
- Sí, ése: ¿lo conoce? -inquirió, sorprendido, el visitante.
- Sí, claro que lo conozco: me acuerdo bien de él.
La historia se remonta al cálido verano de 2003, cuando un ignoto Julio De Vido se trepó a una moto de 50 cilindradas y llegó, con el motor tosiendo, a la intendencia de Concepción del Uruguay, en Entre Ríos. Operaba, por entonces, como coordinador de los equipos técnicos de Néstor Kirchner.
De gira por el país, De Vido tenía la tarea de acercarse a los intendentes de las ciudades y pueblos que visitaba su jefe patagónico para lograr siquiera un saludo formal. Con Laurito no tuvo suerte: tras esperar más de dos horas, De Vido se montó a la «zanellita» y regresó sin haber sido recibido por el alcalde.
Cuando recuerda el episodio, el ministro sonríe ladeado. Luego pronuncia una maldición apenas perceptible debajo de sus bigotes cenicientos. Refiere a Eduardo Laurito, candidato a vice de Sergio Uribarri, delfín de Jorge Busti, una de las dos boletas K que competirán el 18 de marzo en Entre Ríos.
La anécdota sería sólo eso si no pesara en la política doméstica. Luego de que espantado por el revés en Misiones, Kirchner decidió no apostar a sólo un candidato en provincias que adelantan la elección (para que no lo embarre la derrota de aliados) en esos territorios el kirchnerismo juega a dos, o hasta tres, puntas.
Entre Ríos
Eso es lo que ocurre, por caso, en Entre Ríos. Allí pelean una lista de Busti con la que encabeza el protokirchnerista Julio Solanas. El bustismo compite con el sello Frente Justicialista para la Victoria, mientras que Solanas, escoltado por Enrique Cresto, lo hace con el Frente para la Victoria y la Justicia Social.
Está en línea con la consigna global de no atar la suerte de Kirchner a ningún candidato regla que sólo se rompe, por ahora, en Buenos Aires con Daniel Scioli: no ocurre lo mismo en Capital, donde apuesta a Filmus pero sobrevuela la opción Telermanpor lo que los operadores oficiales alimentan a competidores antagónicos.
En muchos casos, el respaldo oficial se mueve según simpatías o, sobre todo, animado por broncas añejas o no tanto. De Vido no parece con voluntad para ser gentil con Uribarri y Laurito mientras que, en la otra vereda, Aníbal Fernández apuesta a esa boleta porque «soy amigo del Chino Busti», avisó.
En tanto, el sábado, en el estadio de Arsenal, en Avellaneda, en el acto del Movimiento Evita que lanzó sin Cristina la candidatura presidencial de Cristina Fernández, Emilio Pérsico y Carlos Kunkel hicieron desfilar a tres candidatos como «los hombres de Kirchner»: Scioli, Filmus y Solanas.
No son los único piqueteros que se alinean con el entrerriano que enfrenta a Busti: también juegan en esa pulseada el movimiento Libres del Sur (LdS), que ordenan Humberto Tuminni y Jorge «Huevo» Cevallos.
A su vez, gestual, De Vido envió a su segundo, José López, a Entre Ríos a mostrarse con Solanas. También asistió la ministra Alicia Kirchner, un ariete que suele usar el Presidente para incomodar a los jefes históricos del peronismo. Además por la crisis de las papeleras, el trato de Kirchner a Busti es glacial.
Adelanto
Hubo un elemento adicional: sin consultar a la Casa Rosada, el año pasado, Busti anticipó las elecciones para el 18 de marzo, cuando la intención de Balcarce 50 era concentrar las votaciones para gobernador junto con la presidencial del 28 de octubre. Ante aquella jugada del «Chino», Kirchner ardió.
Es un dato recurrente: condimentado con asuntos de malquerencias antiguas y de sintonía actual, el gobierno se desmenuza y baja, anarquizado, a las provincias: por un lado, el PJ; por el otro, los piqueteros; acá un ministro, allá otro. El fenómeno se observa de punta a punta del país, con pocas salvedades.
Ejemplos abundan. En Catamarca, al pacto entre Brizuela del Moral y el ex sindicalista y siempre cuñado presidencial «Bombón» Mercado (marido de Alicia Kirchner), un sector de la Casa Rosada toreó con un kirchnerista bis. Juan Carlos Mazzón tentó a Eduardo Pastoriza, pero éste rechazó la oferta. Abandonó el bloque del FpV en el Congreso y podría derivar hacia el lavagnismo.
No se termina ahí: el gastronómico Luis Barrionuevo, que compite por la gobernación con el sello del PJ, dice contar con la promesa de Kirchner de que el gobierno será prescindente en la elección.
Otros casos. En Mendoza circulan por carreteras diferentes el peronismo K que controla Celso Jaque (a quien este fin de semana apoyaron Oscar Parrilli, José Luis Gioja y Angel Maza) y el radicalismo K que ordena el candidato a vice Julio Cobos. En Río Negro ocurre algo similar: Miguel Saiz, un UCR cercano a Kirchner, se enfrentará con el senador kirchnerista Miguel Pichetto.
Con matices, ese modelo caótico se replicará en los municipios: en el conurbano bonaerense Kirchner estaría decidido a permitir dobles boletas, las llamadas colectoras, en algunos distritos hipersensibles como Avellaneda, Lomas de Zamora, Lanús, Berazategui y La Plata, entre otros.
Dejá tu comentario