Cristina de Kirchner delineó ayer algunas definiciones de lo que será su gestión en lo económico. En ese sentido volvió a insistir con lo que será el denominado «modelo de acumulación» del gobierno. ¿De qué se trata? Más allá de ironías, no es otra cosa que el aumento del stock de capital, la atracción de inversiones, con la industria como eje. A este proceso de « acumulación» se le agrega: «con inclusión social», de manera tal que los asalariados vayan incrementando su participación en porcentaje del PBI. Este indicador es el epicentro del modelo oficial (y el de gremios). También habló de que ese modelo tendrá «matriz diversificada», lo que revela que habrá diferentes sectores beneficiados de la política oficial.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
En definitiva es una nueva versión de lo aplicado en los años 60 y 70, con la «selección de ganadores» por parte de gobiernos o la visión de un Estado planificador. Este renacimiento ya había tenido sus esbozos en la gestión Kirchner: Felisa Miceli, hasta el surgimiento del ladrillo, ya hablaba de los sectores con potencial de crecimiento a los que se iba a impulsar con subsidios y mencionaba a la biotecnología, nanotecnología y fuentes de energía renovable. La flamante Presidente fue taxativa: «El acuerdo es el de las grandes metas. Luego iremos por sector y actividad analizando cuál es el más competitivo, cuál nos puede dar mejor ventaja, dónde se necesita inversión, dóndeinnovación tecnológica». Así la «selección de Cristina» no tiene plazos, habló de dos a tres años, y trascendió que será la tarea principal que tendrá por delante Martín Lousteau. El ministro ayer estuvo en reuniones con su equipo de asesores importado del Banco Provincia pero no ya en su departamento de Colegiales sino en el despacho del 5° piso del Palacio de Hacienda.
Venezuela no podía faltar en el esquema económico de la futura gestión. «Alimentos y energía», resaltó la Presidente serán las claves de la economía mundial de los próximos años. Por ello su interés en la rápida incorporación de ese país al Mercosur para cerrar la ecuación energética. Hasta ahora esa ecuación tiene varias incógnitas ya que las compras de fueloil y otros se hicieron a precio de mercado sin beneficios por pertenecer. Difícil que surjan descuentos en la adquisición a Hugo Chávez de todo lo que sirva para paliar eventuales crisis energéticas.
Ejes
Lo que está claro es que el desendeudamiento y el superávit fiscal seguirán siendo sus ejes. Hasta lo resaltó el domingo por la noche en la recepción (del Presidente entrante) y cena (del saliente)para las delegaciones extranjeras. Dado que el matrimonio comandaba los dos eventos, los mismos fueron fusionados. «Lo hicimos para mejorar el superávit», dijo Cristina de Kirchner al comenzar el evento.
De esto habló. Pero no lo hizo de otras cuestiones no menos importantes en el discurso. La inflación, el INDEC, las restricciones energéticas no figuraron en los temas abordados, lo que no deja de ser una definición tácita: no habrá cambios respecto de la política que ya se viene manteniendo y está en línea con las declaraciones de la flamante Presidente antes de asumir. La inflación real es la que informa el INDEC y ese organismo está en una suerte de camino de modernización. Las esperanzas de que con el anuncio reciente de una inflación de 0,9% en noviembre se iniciaba un operativo transparencia en el INDEC estarían sobreestimadas. Se avecina una larga discusión con el FMI por el organismo de estadísticas, tal cual se lo hicieron saber a Miguel Peirano en su paso por Washington en la cumbre anual del organismo a mediados de octubre. Nadie espera modificaciones en la política energética del gobierno, ni las habrá. Por lo pronto, ante incrementos de temperaturas que pongan el sistema al límite ya se descuenta que volverá la aplicarse el «teléfono»: llamados con invitaciones a empresas a que dejen de consumir electricidad. Es lo que se anticipa de la nueva gestión.
Dejá tu comentario