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Menem, a su vez, ha confesado que llamará a varios hombres del duhaldismo para incorporarlos a su administración si llega al gobierno (Hotel Presidente). No sería una novedad: también incorporó a buena parte del cafierismo en su gestión anterior. También ha evitado organizar actos en la provincia de Buenos Aires, actúa como si ese distrito no existiera o fuera territorio ajeno (sólo se presentó en La Matanza bajo la tutela de Alberto Pierri, quien como se sabe es de comunión casi diaria con el propio Duhalde). Tampoco el Presidente, para ser justos, encabeza alguna batalla contra Menem. Inclusive, a pesar de manifestar su inicial predilección por José Manuel de la Sota, jamás le organizó un acto de importancia en el área bonaerense.
Son detalles, mínimos, pero que la inteligencia política no ignora. Cada cual, a su modo, empieza a coin-cidir con el otro. Sean gestos, intereses o, si se quiere, se unen no por amor sino por una invención de Borges.
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