El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Duhalde cabeceó, prometió estudiar el problema. La charla fue, por lo que contaron las partes, cordial. Por más que el tema de fondo, lo que no se dijo, es que la suspensión de la interna es hoy en el PJ una de las pocas opciones para evitar una catarata de reproches sobre Duhalde por el aval que, se sospecha, le dará a José Manuel de la Sota, «el caballo del comisario». Los peronistas que no están con De la Sota, sobre todo los que son candidatos (entre ellos Romero) imaginan que el gobierno volcará sobre su favorito caravanas de beneficiarios de planes sociales, alineará a gobernadores a través de los recursos fiscales, organizará la participación en masa de extrapartidarios en la interna peronista y todo tipo de picardía. En otras palabras, que será imposible participar de una competencia medianamente equilibrada. Con un agravante: que quien denuncie fraude luego de perder no podrá participar por fuera del partido en los comicios generales, ya que esa opción fue vedada en la normativa que se acaba de aprobar.
Romero volvió a demostrar con esta propuesta que es imaginativo y audaz, lo que ya quedó de manifiesto cuando impulsó el programa de 14 puntos que sacó a Duhalde de su última crisis interna. Claro que ahora la propuesta del salteño tiene matices enigmáticos: ¿qué sucedería si ninguno de los candidatos del PJ consigue el piso mínimo que le permite participar en la segunda vuelta? La hipótesis es de difícil cumplimiento pero expresa el problema principal de la idea de Romero: el PJ iría a las elecciones como en una especie de ley de lemas pero sin el dispositivo central de ese sistema, que es que todos los candidatos suman al que más votos obtuvo. El argumento en contra del salteño podría ser, seguramente: de otro modo, sólo podrá competir en la general De la Sota, dado que el apoyo que recibirá del gobierno lo convertiría en invencible.
Los mandatarios plantearon sintéticamente las principales objeciones que le encuentran al régimen montado por el Ejecutivo a partir de una ley recientemente sancionada: 1) que la interna sea abierta a afiliados de otros partidos; 2) que los partidos que tienen sólo una lista no deban realizar internas. Duhalde dijo estar al tanto de las observaciones que merecieron sus decretos y prometió cambiarlos «si aparecen propuestas mejores que no traicionen lo principal, que es la transparencia y la participación». Siguió, al menos en las promesas, la línea dialoguista de Matzkin, el más convencido de la necesidad de modificar los decretos en sus aberraciones principales.
El Presidente comentó también que le había llegado una propuesta de gente cercana a De la Sota en la que se sugería la elaboración de un padrón en el que estuvieran excluidos los afiliados a partidos en los que no se realizarán internas. El consejo merece dos objeciones. Primero: es difícil que en un partido en el que no hay internas haya muchos afiliados; segundo: recién dentro de dos meses se sabrá qué partidos no tendrán internas.
Dejá tu comentario