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Batalla de Caseros: a 150 años, la historia se repite
Signo de los tiempos que corren, la conmemoración oficial de la Batalla de Caseros pasó ayer bastante inadvertida. Ocurrida hace 150 años para liberar a las provincias del yugo impuesto por el bonaerense Juan Manuel de Rosas, la batalla ilustra una época de la historia argentina que bien puede verse al espejo de las actuales disputas entre Nación y estados provinciales. Entonces abocada a repartir los beneficios de la Aduana nacional, hoy en día desesperada por cobrar las deudas por la coparticipación de impuestos, la gesta provincial vuelve a repetirse.
Presidente Eduardo Duhalde y gobernadores de las provincias.
Los heroicos acontecimientos de la batalla de Caseros fueron conmemorados oficialmente ayer de forma austera en el Monumento a Urquiza de la ciudad de Paraná. Lo mismo ocurrió con el 189° aniversario de la batalla de San Lorenzo, recordasda también ayer en la Plaza 1° de mayo de esa ciudad. En el Colegio Militar de la Nación -antiguo escenario de la batalla de Caseros en la provincia de Buenos Aires-, en tanto, el acto tendrá lugar el próximo viernes, una señal de los tiempos que corren.
Para acentuar las coincidencias del pasado con el presente, un bonaerense como Rosas conduce el país, y una vez más la patria parece convulsionada.
Urquiza, junto a otros caudillos del interior, había decidido quitarle la representación de las relaciones exteriores del país a Rosas, entre otros atributos, con que el ex federal tenía asfixiadas a las provincias. El bonaerense no quería compartir los beneficios de la Aduana y menos aún el de la nave-gación de los ríos interiores con sus colegas.
Por eso, el entrerriano Urquiza no sólo condujo a sus paisanos hasta el filo mismo de la batalla sino que también se alió con hombres de la Banda Oriental del Uruguay e, incluso, brasileños.
Algo parecido -salvando las distancias-parece concretarse en nuestros tiempos. Las provincias, que vieron desplazadas las economías regionales de las políticas nacionales, emprendieron alianzas estratégicas con estados de otros países.
Esto no ocurre sólo con vecinos del Mercosur sino también con estados del otro lado del océano, como la Xunta de Galicia.
Los estados provinciales siguen empeñados, mientras tanto, en reclamar las deudas que el Estado nacional debe honrar por la coparticipación federal de impuestos, entre otras materias, como la descentralización del sistema educativo y alguna que otra intervención federal.
Por lo pronto, algo de la premonición de los soldados de 1852 parece cumplirse, aunque sea en lo meramente paisajístico del escenario que pisaban entonces.
La batalla de Caseros tuvo lugar en lo que era la estancia del terrateniente aliado de Rosas, Diego Case-ro, actualmente devenida en el Cole-gio Militar de la Nación, en El Palomar. Rosas se parapetó en la torre de la casa para avistar al enemigo y dispuso en el palomar de la estancia la artillería. A pesar del empeño puesto en la grita, el brigadier cometió un error. Alineó sus hombres de frente a la casa pero no cuidó los flancos. Entonces los soldados de Urquiza lo derrotaron con una simple maniobra de tenaza.
Rosas escapó herido en una mano en una carrera que lo condujo al Puerto de Buenos Aires y de allí al exilio. El puente Márquez existió hasta hace 5 años cuando lo tiraron abajo para construir el acceso oeste de la Capital Federal y nunca más lo reconstruyeron. De tanto en tanto, piqueteros desocupados cortan su circulación y no pocas veces atraviesan ese asfalto funcionarios provinciales que van a Buenos Aires a reclamar deudas, planes de empleo y ayuda alimentaria. Después de todo, si las cosas no cambiaron tanto, es porque 150 años no son nada.


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