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De la Rúa espera un gesto de Ibarra y que Alfonsín rompa el silencio
Pese a que Storani y Álvarez afirmaron tener la venia de Alfonsín para el portazo (algo que alimenta la lógica que puede haber en esta movida), no es lo que dicen otras fuentes. Hombres de la UCR han hablado mucho durante la semana que pasó con el ex presidente y no sólo porque el lunes 12 cumplió años en Miami. También para recibir el testimonio de Alfonsín de que no quería estar en el país cuando se anunciase el paquete de López Murphy para no sentirse obligado a opinar. "Va a ser mi contribución", les dijo a esos interlocutores entre quienes están Mario Brodersohn, Ángel Rozas. José Canata, Mario Losada, Federico Polak, Raúl Alconada Sempé. Éste último además, fue el enlace con Storani y con Álvarez, a quien le llevó el jueves un mensaje directo de Miami: que no hiciera nada sin consulta previa. A Polak, por ejemplo, no le indicó que renunciase al PAMI después de los anuncios de López Murphy de la noche del viernes.
Uno de esos interlocutores graficó con fruición en la madrugada de ayer el estado de Alfonsín en estos términos: "Raúl está en esos momentos en que se queda catatónico, pensando en lo que está pasando, hasta que comunica una decisión". Pocos creen sin embargo que permanezca junto a De la Rúa y les regale todas las banderas del partido a sus adversarios internos Federico Storani y Leopoldo Moreau. Implicaría su retiro de la política. Seguirá en Miami hasta el miércoles (llega el jueves a Buenos Aires) y le deja a Rozas la presidencia de la cumbre de la UCR del martes, cuando el principal partido de la Alianza puede quedar al borde de un cisma.
En esa eventualidad los delarruistas un sector minoritario y sin dirigentes de gravitación nacional en la primera línea - estrecharían filas en torno al presidente en acuerdo con un sector del alfonsinismo nosiglista que siempre ha acompañado a De la Rúa. Se acercarían a esa vereda los sectores antialiancistas del interior que están hartos de la convivencia en sus distritos con los frepasistas que no tienen votos pero sí demandas siempre insatisfechas de cargos y candidaturas.
A Alfonsín lo puede contener sólo una actitud personal: su temor a que se lo identifique otra vez como el culpable de un cataclismo político, en caso que De la Rúa empeore, sólo y sin los apoyos partidarios, su situación. Este punto, pese a lo que algunos piensan, funciona de manera dominante en muchas decisiones del ex presidente. Lo saben bien sus íntimos.
De la Rúa tiene desde la noche del viernes a Aníbal Ibarra en llamado en espera. Sabe que el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires no romperá la entente con la UCR en ese distrito. O sea que va a mantener su alianza con el presidente, algo que expresó en esos términos en la primera cumbre a solas que mantuvieron en enero pasado. Al frepasista le es difícil validar el paquete de López Murphy, pero tampoco puede sumarse al bando populista de Chacho-Storani, obligado como está por las necesidades de su gestión en la ciudad. La idea de De la Rúa está cerca de convocarlo a Ibarra a la nueva alianza con sectores del peronismo e independientes o, en todo caso, a mantener un acuerdo personal bajo el rótulo de la "alianza de los que mandan".


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