17 de marzo 2001 - 00:00

De la Rúa espera un gesto de Ibarra y que Alfonsín rompa el silencio

Los hechos del viernes recuerdan por sus consecuencias a los que en octubre pasado culminaron con la renuncia de Chacho Álvarez a la vicepresidencia de la Nación. En aquella oportunidad De la Rúa protagonizó la provocación de ponerlo a Flamarique como secretario General de la Presidencia. No previó que Álvarez iba a renunciar al cargo. Esta vez puede no haber previsto que le renunciase el FrePaSo y Storani, inspirados hasta nuevo aviso por el silencio en que se mantiene por Alfonsín. O sí lo ha previsto en un gesto audaz para convertir al gobierno de la Alianza en el gobierno de De la Rúa y los suyos para abrir un capítulo totalmente nuevo de su administración:

De la Rúa se despoja de la vigilancia de los jefes partidarios de la UCR y del FrePaSo y gana así la libertad de mover las piezas del gabinete con gente propia o provenientes de otras fuerzas que quieren estar junto a De la Rúa pero no con el FrePaSo o el radicalismo de Alfonsín. Es lo que significan algunos sectores del peronismo o independientes como los que acompañan en la segunda línea a López Murphy en Economía y que tienen votos en el Congreso.

No es estrictamente el caso de Domingo Cavallo, a quien siempre quiso acercar el FrePaSo al Gobierno. Hasta en esto tiene una oportunidad De la Rúa. Una de las funciones de Cavallo en esta nueva alianza puede ser encargarse de contener al FrePaSo chachista que le es más adicto y terminar de divorciarlo del ala rabiosa de Alicia Castro, para mantenerlo alejado de un choque frontal con la gestión del gobierno. De la Rúa especula también con que el FrePaSo del Congreso no tiene hoy autoridad política para pelearse con Cavallo; por eso tiene que enviar rápido las medidas al Congreso para evitar que madure una oposición frentista con el paso del tiempo.

Pese a que Storani y Álvarez afirmaron tener la venia de Alfonsín para el portazo (algo que alimenta la lógica que puede haber en esta movida), no es lo que dicen otras fuentes. Hombres de la UCR han hablado mucho durante la semana que pasó con el ex presidente y no sólo porque el lunes 12 cumplió años en Miami. También para recibir el testimonio de Alfonsín de que no quería estar en el país cuando se anunciase el paquete de López Murphy para no sentirse obligado a opinar. "Va a ser mi contribución", les dijo a esos interlocutores entre quienes están Mario Brodersohn, Ángel Rozas. José Canata, Mario Losada, Federico Polak, Raúl Alconada Sempé. Éste último además, fue el enlace con Storani y con Álvarez, a quien le llevó el jueves un mensaje directo de Miami: que no hiciera nada sin consulta previa. A Polak, por ejemplo, no le indicó que renunciase al PAMI después de los anuncios de López Murphy de la noche del viernes.

Uno de esos interlocutores graficó con fruición en la madrugada de ayer el estado de Alfonsín en estos términos: "Raúl está en esos momentos en que se queda catatónico, pensando en lo que está pasando, hasta que comunica una decisión". Pocos creen sin embargo que permanezca junto a De la Rúa y les regale todas las banderas del partido a sus adversarios internos Federico Storani y Leopoldo Moreau. Implicaría su retiro de la política. Seguirá en Miami hasta el miércoles (llega el jueves a Buenos Aires) y le deja a Rozas la presidencia de la cumbre de la UCR del martes, cuando el principal partido de la Alianza puede quedar al borde de un cisma.

En esa eventualidad los delarruistas un sector minoritario y sin dirigentes de gravitación nacional en la primera línea - estrecharían filas en torno al presidente en acuerdo con un sector del alfonsinismo nosiglista que siempre ha acompañado a De la Rúa. Se acercarían a esa vereda los sectores antialiancistas del interior que están hartos de la convivencia en sus distritos con los frepasistas que no tienen votos pero sí demandas siempre insatisfechas de cargos y candidaturas
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Enfrente pueden quedar algunos gobernadores como Rozas o Verani (muy beneficiado Río Negro por acuerdos con José Luis Machinea en que López Murphy seguramente revisará) y el ala alfonsinista y storanista de la provincia de Buenos Aires. Este sector, probablemente mayoritario dentro del partido, mantendrá un acuerdo con Álvarez como el que revela la relojería de las renuncias del viernes (portazo de Storani y los funcionarios frepasistas al son de "nos vamos del gobierno pero no de la Alianza"; silencio, para acompañar, de Alfonsín fuera del país) pensando, como dijo el ex vice, que "todo estalla en quince días" y en que una jugada electoral independiente de De la Rúa puede salvarlos hacia el futuro despegándolos del desastre.

A Alfonsín lo puede contener sólo una actitud personal: su temor a que se lo identifique otra vez como el culpable de un cataclismo político, en caso que De la Rúa empeore, sólo y sin los apoyos partidarios, su situación. Este punto, pese a lo que algunos piensan, funciona de manera dominante en muchas decisiones del ex presidente. Lo saben bien sus íntimos.

De la Rúa tiene desde la noche del viernes a Aníbal Ibarra en llamado en espera. Sabe que el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires no romperá la entente con la UCR en ese distrito. O sea que va a mantener su alianza con el presidente, algo que expresó en esos términos en la primera cumbre a solas que mantuvieron en enero pasado. Al frepasista le es difícil validar el paquete de López Murphy, pero tampoco puede sumarse al bando populista de Chacho-Storani, obligado como está por las necesidades de su gestión en la ciudad. La idea de De la Rúa está cerca de convocarlo a Ibarra a la nueva alianza con sectores del peronismo e independientes o, en todo caso, a mantener un acuerdo personal bajo el rótulo de la "alianza de los que mandan".

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