7 de febrero 2001 - 00:00

EEUU alienta cumbre empresaria en Buenos Aires

De los funcionarios y hombres de negocios con los que dialogó en su gira actual por los Estados Unidos, habrá uno inolvidable para Adalberto Rodríguez Giavarini: el senador Jesse Helms, quien le permitió hablar durante 20 minutos de sus cuatro hijas en ese lugar inesperado, la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado. Fue el tramo más inusual de la ronda de entrevistas que el canciller mantuvo ayer en Washington. Después de exponer sobre el Area de Libre Comercio continental (ALCA), tópico recurrente de la administración republicana como se verá más adelante, el senador por Florida John Nelson interrogó a Giavarini: «Canciller, ya que está hablando sobre democracia y libre comercio, ¿cuál de los dos viene prime-ro?».
A Helms, que maneja el equipo con puño de hierro, le pareció una impertinencia. «Senador, van juntos. Usted debería saberlo, como lo saben muy bien la Argentina.» El delegado de North Carolina giró hacia Giavarini y le preguntó: «Cuéntenos, ministro, ¿cómo es su familia?». La conversación derivó finalmente a las razones por las cuales en nuestro país se combinan las relaciones exteriores con la religión, como indica el nombre del ministerio del ramo.

Conviene contar esta anécdota porque fue acaso la única desviación que se produjo en la monotemática exposición de prioridades del gobierno de George W. Bush frente a su huésped argentino. Lo demás fue, una y otra vez, la formulación del siguiente mensaje: «Hasta abril seguiremos en una especie de encuesta para conocer opiniones. Ese mes, en la Cumbre de las Américas de Québec, conocerán nuestra posición regional».

Palabras más, palabras menos, ésta fue la conclusión de los tres encuentros más significativos que mantuvo el canciller ayer en Washington: el que se mencionó con senadores, la reunión con la titular del Consejo de Seguridad Nacional, Condoleeza Rice, y con el secretario de Comercio, Donald Evans. En todos los casos, los hombres de Bush dejaron en claro que la cumbre de Canadá servirá como lanzamiento continental del nuevo presidente. Y que ese lanzamiento estará ligado a la aceleración del ALCA. Aspectos previsibles de la agenda fueron, sin embargo, ignorados en la reunión de ayer: no se habló de la crisis colombiana, tampoco del entredicho del gobierno de Buenos Aires con el de La Habana.

En cambio el ALCA parece una obsesión para la administración Bush. Giavarini volvió a insistir en que la Argentina negociará como miembro del Mercosur a lo que sus interlocutores advirtieron que en 10 días mantendrán entrevistas similares con Celso Lafer, el nuevo canciller de Brasil. Lafer visitará Buenos Aires el lunes próximo. Evans, el secretario de Comercio, intentó enviar un mensaje que permita despejar algunos reparos en el bloque sudamericano: «No intente, señor Rodríguez Giavarini, vendernos el libre comercio. Tanto yo como el presidente Bush lo hemos comprado hace tiempo. Sabemos que la integración es recibir y también dar».

La pretensión norteamericana se articula con lo que sucederá en Buenos Aires para el 5 y 6 de abril. Esos días se reunirán los ministros de Comercio de América para establecer las premisas iniciales de negociación del área de libre comercio.

Paralelamente, en la Capital Federal se hará una cumbre de hombres de negocios de todo el continente, sobre la que Evans prometió ayer a Giavarini: «Yo me encargaré personalmente de que los principales inversores de mi país vayan a esa reunión». El nuevo secretario de Comercio conoce bien a los empresarios norteamericanos. Fue el recaudador de campaña de Bush, su Nicolás Gallo, por traducirlo de alguna manera.

Con Evans, pero sobre todo con la Rice, Giavarini consiguió asociar a Washington con una iniciativa que ya había explicado, el lunes, delante de Colin Powell: establecer en Québec que queden automáticamente excluidos de la integración comercial americana los países en los que la democracia no rija de manera plena. La consejera se entusiasmó con la idea, que permitiría darle a la reunión de Québec un contenido más generoso, político, que el que tendría si sólo se tratara de una cumbre para promover el libre cambio desde el país más poderoso.

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