- ámbito
- Portada Principal
El país devaluado no es competitivo
1. Estamos volviendo a identificar devaluación con competitividad. En la ultima década, las exportaciones y el ingreso por habitante más que se duplicaron, no obstante que todos los países vecinos devaluaron violentamente. En ese lapso, Brasil, el que más devaluó, vio caer su ingreso por habitante en más de 20%. Es que las reformas estructurales, como la liminar Ley de Convertibilidad, las privatizaciones, las desregulaciones y la apertura impulsaron ese importante avance de nuestra competitividad. Como explico en el libro «Dolarizar», la llave de las exportaciones provechosas pasa por liberar las importaciones, como lo han comprendido las naciones avanzadas. Uno de los estados de más acelerado crecimiento en el mundo, la República Popular China, mantiene su moneda atada al dólar desde el 1/1/1994 y sus exportaciones inundan todos los mercados del mundo, inclusive la zona del euro. Sus autoridades han comprendido que la liberación de las importaciones y la disciplina monetaria son la clave para lograr la expansión de las exportaciones más benéficas. China, Hong Kong, Panamá, países del Caribe y la Argentina tienen sus monedas atadas a la de los EE.UU. Todos ellos han podido comerciar con el mundo entero sin necesidad de incorporar al euro en sus definiciones cambiarias. Los países del euro, por su parte, pueden desenvolverse sin incluir al dólar, en su moneda. Como preveo en el libro, en un futuro cercano las dos áreas monetarias principales acordarán unificarse o mantener una paridad fija. En el ínterin, la nuestra seria la única moneda promedio de dos, en todo el universo.
2. Falta de observancia de leyes. En nuestro medio, la red vial está ateroesclerotizada por más de 140 piquetes que interrumpen el tránsito y la libertad de circulación garantizada por la Constitución. Cuantiosas inversiones del Estado y los particulares, en infraestructura, camiones, autos y equipos, están frustradas. Como expliqué en esta columna, ver «El negocio de los piqueteros», Ambito Financiero del 24 de mayo, el objetivo de estos grupos es obtener recursos fiscales, como planes Trabajar, y de los viajeros, aprovechando la oportunidad que les brinda un Estado que no defiende la propiedad y el derecho de transitar. Al mismo tiempo, al darles apoyo financiero alienta sus actividades antisociales. De la misma gravedad, la toma del aeropuerto Internacional de Ezeiza y la del Aeroparque por personal de Aerolíneas demuestra la ineficacia del Estado y de sus funcionarios en hacer cumplir la Constitución y las leyes que juraron «observar y hacer observar». En este caso, el Poder Ejecutivo se ocupó a pleno en buscar una solución para los cuasi sediciosos empleados mientras desatendía los intereses de los 38 millones de habitantes, que nunca tuvieron el privilegio de trabajar en las condiciones ventajosas que brindaba Aerolíneas, y de los miles de visitantes a nuestro territorio. El veredicto de muchos es que el culpable es el gobierno español, que perdió miles de millones en su aventura argentina y acudió en nuestro auxilio en el blindaje. Y nuestra sabiduría es tan elevada que conspicuos dirigentes han propiciado un boicot a los productos de las inversiones españolas en nuestro suelo. Dañar a quien nos da trabajo e invierte aquí no es una regla para una nación que pretende mejorar su situación. Es probable que otros inversores del mundo, y de nuestro propio país, reciban el mensaje de un pueblo que no requiere de inversiones ni de puestos de trabajo. El corolario es que, en nuestra sociedad, la violencia es rentable y el que acata la ley se queda sin ayuda.
3. Confusión institucional. Habiendo otorgado poderes especiales, el Congreso se desembarazó de la pesada tarea legislativa y, reemplazando a la Justicia, pretende investigar. Tenemos una comisión que analiza el «lavado de dinero» y más de treinta iniciativas para estudiar el caso de Aerolíneas. Como las investigaciones fructíferas requieren de larga formación y métodos probados ya anticipamos que esas nuevas tareas, propias de los jueces, dilapidarán los recursos del Estado y contribuirán a empeorar nuestra sociedad. De insistir en su abandono de responsabilidades, con la muletilla de «no poner palos en la rueda», el Congreso debería propiciar una modificación constitucional que reduzca sus gastos y funciones. Nuestras formas de gobierno se parecen cada vez más a las de los gobiernos militares. El palacio de las leyes se ha trasladado al salón de actos del Banco de la Nación, donde empresarios y periodistas se anotician de los ucases del Gran Legislador.
• Incontinencia
4. Impericia, impaciencia, temor al éxito. Son muchas las instituciones que definen una sociedad. En la obra citada se repasan la Justicia, apertura económica, educación, gasto y deuda públicas, etc., donde presentamos falencias que explicarían nuestra decadencia. Otra muestra de nuestro modo de desfuncionamiento institucional es que, desde 1952, ningún presidente democrático había cumplido su período completo, sea por impericia, por impaciencia, etc. El único que logró cumplir con su mandato constitucional -lo hizo dos veces seguidas-está hoy detenido por un delito inasible, asociación ilícita, y una decisión judicial discutible, detención preventiva. Ver «Justicia libre u oportunismo», Ambito Financiero 14/ 6. Nos asusta el éxito y perseguimos a los exitosos aunque nos hayan rescatado del incendio y dado una década de progreso en libertad y paz social. Mientras tanto, las falsificaciones ideológicas más flagrantes y costosas, como la de certificar nuestra condición de país libre de aftosa, permanecen sin proceso. Nuestro actual presidente tiene la obligación de ser el segundo en lograr cumplir su mandato. Pero deberá enmendar lo actuado recientemente y procurar restablecer el equilibrio de los tres poderes y el funcionamiento de la sociedad y de las empresas sin perturbaciones.
5. Información. Vivimos en una sociedad mediática. Las cámaras y los comentaristas de TV se alimentan de la acción y ensalzan al débil y menesteroso aunque viole la propiedad ajena. Otros dirigentes se suben a ese teatro. Y sacan disposiciones, o adoptan posturas, continuamente para demostrar su contribución y actividad por el país. Pero ese juego tiene sus reglas y los que no las siguen terminan devorados. Las cámaras sólo captan la figura de los que actúan. Sea como asaltantes, secuestradores, piqueteros, protestadores, legisladores, ministros, el Gran Legislador, etc. Hasta los jueces han abandonado su tradicional y necesario recato. El poder está en las pantallas. Quien no está en ellas no existe. Y las lentes de la TV sólo se alimentan con acciones. No importa si son actividades lícitas, socialmente valiosas o asesinos seriales. Los medios ejercen un control de la actividad de funcionarios e individuos inédita. Si bien pueden deformar la realidad, cada uno está mas a la vista y el personal del Estado está más supervisado. Con el tiempo, la contribución de los medios de información al contralor de la sociedad será mucho más certera...
6. Desorden. El Estado puede dar incentivos variados. Pero si no cumple, y hace cumplir, con la Constitución y las leyes la sociedad se resiente y pierde competitividad e ingresos. La incertidumbre generada por los continuos cambios legislativos ataca la propiedad y reduce la producción y el empleo. Reformar permanentemente es una puerta para llegar a la anarquía de una sociedad sin leyes. Estamos muy cerca de repetir el sino trágico: Periódicamente, la Argentina tira por la borda sus logros más notables. A pesar de la solemne promesa de en mi gobierno un peso un dólar. En todo organismo sano los sistemas funcionan en la forma prevista.


Dejá tu comentario