Jerusalén - Israel y los Estados Unidos se hacen los ingenuos cuando le exigen a Yasser Arafat que actúe como un cirujano y extirpe del cuerpo enfermo de Pales-tina el tumor del terrorismo.
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Los gobiernos de ambos países saben que él no está en condiciones de cumplir ese cometido. No sólo porque Hamas y la Yihad Islámica son dos fuerzas que se han agigantado gracias a la Intifada. La inoperancia de Arafat se debe a que las milicias de Al Fatah, carne de su propia carne, también están afectadas del mismo cáncer.
Hace tan sólo dos semanas, un comando integrado por efectivos de esa milicia «leal» y de la Yihad Islámica perpetró un atentado en la ciudad de Afula. Ni en sus peores pesadillas, «el Viejo», como lo llaman sus adeptos, hubiera concebido una colaboración de ese género.
Yasser Arafat fundó Al Fatah el 10 de octubre de 1959. Desde entonces, este partido ha constituido la red de salvamento de la ajetreada trayectoria del personaje. Cuando entre las décadas del '50 y del '80 Arafat quiso que el Movimiento de Liberación de Palestina fuese una herramienta de la lucha armada, sus hombres no titubearon en sacrificar sus vidas. Cuando en los '90 le imprimió un giro al timón, optando por la vía diplomática, no hubo defensores más ardientes de la paz con Israel que los militantes de Al Fatah. La última Intifada ha abierto una grieta en ese peñón, cuando un sector significativo del movimiento ha readoptado las tácticas del terrorismo, en contra de la voluntad del líder supremo.
¿Cuántos son los rebeldes? Se puede establecer con certeza que la mayoría de los miembros del Tanzim, el brazo armado más fornido con que cuenta Al Fatah, obedece a Marwan Barguti y no a Yasser Arafat. Es decir que dentro del «oficialismo» (el nombrado grupo constituye una mayoría dentro de la Organización para la Liberación de Palestina y en el gobierno) existen unos 700 activistas que no están dispuestos a aceptar el alto el fuego. Si se considera que la acción de un hombre bomba alcanza para que cualquier intento por frenar la violencia parezca ridículo, basta con multiplicar ese efecto por cien para comprender cuáles son las probabilidades de establecer una tregua. La actual ola de atentados constituye un golpe sangriento para Israel y no menos que un terremoto para el régimen de Arafat. Los ataques se producen justo durante la visita del enviado norteamericano, Anthony Zinni, a Palestina e Israel. Hamas ha logrado desbaratar de un zarpazo el sofisticado mecanismo de propaganda que con tanto esfuerzo había armado Arafat. Parece increíble que hace menos de un mes el líder palestino estuviese tan próximo a cosechar los frutos de su estrategia. En vez de perjudicarlo, como suponían los israelíes, los atentados del 11 de setiembre sirvieron a los intereses del estadista palestino, cuando George W. Bush se percató de que para acabar con el terrorismo hace falta resolver el problema palestino.
Bush salió con un abierto apoyo al Estado palestino. La Casa Blanca aceptó lo que para Israel resulta intolerable: dar comienzo a las negociaciones de paz bajo un nivel tolerable de violencia. Pero no en medio de una indiscriminada ofensiva de terror, que en menos de 24 horas ha desbaratado la estrategia del «rais».
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